“Como en esos juegos de niños en los que el elefante lleva el cuerpo de la serpiente y la serpiente lleva el cuerpo de la rana, yo me voy a una secuencia en el guión de arriba, por ejemplo a la secuencia 35: “Puta rusa: ¿Tienes tabaco?”. Me voy a otra secuencia en el guión de abajo, y la respuesta es: “Pero soy yo”. De diez veces, dos sale algo bueno. Es jugar con el guión como un cadáver exquisito. “¿Cómo te llamas?”. “Me voy a la cama, buenas noches”. Es permitir que el azar entre completamente. Algunos de los mejores diálogos de La mujer… han salido de este juego. Tienes que hacerlo muchas veces para que aparezca algo. Y esto es una sistematización del azar. “
-Javier Rebollo
Estábamos todos preocupadísimos por el futuro del cine, por su desarrollo orgánico y libre como el arte del siglo XX y seguramente también del siglo XXI, buscando cineastas, miradas, analistas y artistas de todo tipo que pudieran insuflarle una vida que, muchas veces, parece faltarle. Y aparece, como por arte de magia, un hombre que lo va a salvar, y además es un director español. No sé cómo todos los periódicos y revistas cinematográficas no se han hecho eco de la existencia y la labor de un hombre asombroso. Asombroso, principalmente, por el ilimitado amor que siente por sí mismo, por sus ideas, y por sus imágenes.
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