Johnnie To

Decepcionante, aburrida, triste jornada. Quizá sea el cansancio acumulado, no lo descarto totalmente, pero el séptimo día que he pasado en Sitges ha sido el peor, el más gris. De las cuatro películas que pude ver ayer, sólo podría recomendar ‘Vengeance’, lo nuevo de Johnnie To, que aunque no es uno de sus mejores trabajos, al menos entretiene, tiene algunos momentos muy buenos y, sobre todo, no tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo. To piensa en el público, a diferencia de otros, “autores” de muy dudoso talento, misteriosamente endiosados.

Debo decir, no obstante, que oí pitos al terminar ‘Vengeance’; lo cual me resultó muy extraño, porque de hecho durante la proyección fueron bastantes las ocasiones en las que la sala se llenó de escandalosas risas y aplausos (no se cortaron un pelo, os lo aseguro). Ya digo, no entendí que al final el público pitara, disconforme. No quiero sacar ninguna conclusión, porque no sé quiénes hicieron tanto ruido, a lo mejor les defraudó el final. Si hay que hablar de completa tomadura de pelo, y de pérdida de tiempo, es imposible no hablar de ‘Kinatay’, del reputado director filipino Brillante Mendoza (vaya nombre más engañoso, por cierto).

Esta película venía de ganar el premio al mejor director en el prestigioso Festival de Cannes, y puesto que competía en la sección oficial también aquí en Sitges, sencillamente era una película que no me podía perder. No tenía escapatoria. ¿Sabéis? A ésta no la abuchearon. Ni la aplaudieron. Pero sólo tenías que mirar cómo íbamos abandonando la sala. Eso sí que debía parecer un verdadero grupo de zombies. Estuve tentado de cerrar los ojos y dormir un poco, o de largarme y seguir traduciendo las entrevistas, pero me pudo la curiosidad, saber por qué se adora a este Mendoza, así que la surfrí enterita, de cabo a rabo.

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