Kim Ki-duk

La forma en la que el cineasta coreano Kim Ki-duk intenta conmover al espectador es muy especial. Desde la sorprendente ‘Hierro 3’ (una de esas películas que les gusta a todo el mundo), el director se ha hecho un hueco entre los más interesantes del panorama actual y con ‘Aliento’ podía tener en su mano la consolidación de su figura como un realizador dotado de regularidad, que lanza obras estimulantes y que nunca dejan indiferente.

Desgraciadamente, ‘Aliento’ es una obra menor, y eso se nota desde el primer minuto, donde vemos a cuatro presos en una celda comportándose de un modo poco convencional. Yeon (Ji-a Park) es una mujer engañada por su marido (Jung-Woo Haa) que ve en el telediario la noticia de que el condenado a muerte Jang Jin (Chen Chang) ha intentado suicidarse por segunda vez, y decide visitarle.

Es una sencillísima premisa que para colmo tarda en arrancar. La primera visita se produce en medio de una atmósfera profundamente silenciosa, casi mística. El preso no puede hablar porque tiene una herida en la garganta, a causa de su intento de suicidio, y ella es absolutamente lacónica. Los continuos silencios traen consigo, por supuesto, un arraigado simbolismo que dan cuenta del marcado tono oriental. Sin duda, Kim Ki-duk pretende transformar la sencillez de su argumento en un compendio de pensamiento mucho más amplio, donde nada sea gratuito. Tengo que decir desde ya que no lo consigue.

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