Michael Mann

Hace casi un año, el primero de noviembre de 2006, Alexander Litvinenko, ex oficial de la Federalnaya Sluzhba Bezopasnosti, agencia de seguridad rusa antes conocida como KGB, se sintió enfermo de repente. Tres semanas después, murió. Los cuerpos de seguridad británicos determinaron que había muerto por envenenamiento con una substancia inusual: Polonio 210. Valga agregar, una substancia radiactiva.

En seguida, el caso de Litvinenko obtuvo un lugar destacado en los medios de comunicación mundiales. Notorio disidente ruso exiliado en Londres, Litvinenko había formulado incontables denuncias contra el mandatario Vladimir Putin, acusándolo de haber orquestado un golpe de Estado para acceder al poder.

Las ramificaciones del caso son incontables, con implicaciones realmente apasionantes. Dignas de una buena película de espías. Un buen thriller político, de esos que nos mantienen pegados al asiento.

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