Neil Labute

‘Protegidos por su enemigo’ es el lamentable y inequívoco título con el que se ha estrenado en nuestro país ‘Lakeview Terrace’. Lamentable por motivos más que evidentes, y inequívoco porque da información completamente falsa sobre su argumento. El espectador tiene la sensación de encontrarse ante otro thriller más con esquema matrimonio acosado por un extraño que poco a poco se hace su amigo pero se la mete doblada. No habría ningún problema si el film hubiese ido por ese camino, pero no es el caso.

Lakeview Terrace es la zona residencial donde Rodney King fue apaleado por cuatro policías, y cuyas terribles imágenes fueron grabadas por un videoaficionado, dando la vuelta al mundo, provocando debates morales de todo tipo, y cabreando profundamente a una buena parte de la población negra de Los Ángeles, sobre todo después de conocer los resultados del juicio contra los cuatro agentes de la ley. El componente racial de la historia hacia posible, pues, que ésta alcanzara dimensiones trágicas de alta envergadura y profundo calado en el espectador concienciado. Pero tampoco es el caso.

El director, Neil LaBute, iba camino de convertirse en alguien interesante, siempre alejado de los típicos convencionalismos. Películas como ‘Amigos y vecinos’ o ‘En compañía de hombres’ le habían colocado en la primera plana de directores de carácter independiente con cosas (presumiblemente) que contar. Sin embargo, para el que esto suscribe, en sus intentos de describir los bajos instintos de la sociedad norteamericana, con claras alusiones a las batallas de sexos, era incapaz de ahondar con la suficiente fuerza, resultando mucho menos polémico de lo que en un principio podría parecer. Curiosamente, cuando LaBute se apartaba de sus inquietudes (‘Persiguiendo a Betty’ o ‘Posesión’) lograba mejores resultados. Ahora, con ‘Protegidos por su enemigo’ ha pretendido inquietar al público con una historia de corte telefilmesco, haciendo hincapié en la inseguridad ciudadana, no porque ladrones, violadores o asesinos puedan acabar con las honrosas vidas de norteamericanos de clase social media alta, si no porque su propio vecino puede estar completamente loco, y como le caigan mal, no les llegará con rezar.

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