“Para cualquier director con un mínimo de lucidez, las obras maestras son películas que te llegan por accidente”
Se nos ha ido uno de los realizadores norteamericanos más respetados, y de mayor reconocimiento dentro y fuera de su país, del último medio siglo, el que durante un tiempo parecía incombustible e inasequible al desaliento, el oriundo de Filadelfia, Pensilvania, Sidney Lumet, pero que llevó sus películas a los festivales de todo el mundo, y que fue, hasta 2005, con su premio honorífico, uno de esos cineastas míticos sin Oscar. Con su muerte, desaparece quizás el máximo representante del cine más contestatario y subversivo que naciera en Estados Unidos a finales de los años cincuenta y, sobre todo, en la década de los sesenta, que tantas cosas cambió en el panorama del cine norteamericano a nivel de industria, a nivel temático y, principalmente, a nivel formal. Lumet ha sido uno de los padres del moderno cine negro y social, pero también más cosas: un magnífico profesional, un director todoterreno, un superviviente, un narrador sobrio y potente.
Entre el casi medio centenar de obras que conforman su trayectoria hay sitio para prácticamente de todo, pero lo que los aficionados y estudiosos al cine más recordarán, como no puede ser de otra manera, es el puñadito de obras magistrales, o muy notables, que parió, en las cuales se refleja toda la violencia, la injusticia endémica, la rabia y la marginalidad de una sociedad que Lumet observó y diseccionó con lucidez de cronista superdotado y con paciencia de entomólogo. Pero cuando las cosas no le fueron demasiado bien, se amoldó a las exigencias del mercado, se plegó a los encargos de estudios y ejecutivos con mucho menos talento que él, y dirigió películas menores pero muy dignas, a las que supo aportar su profesionalidad a prueba de bombas, gracias a un amor por el cine que le ha mantenido, pese a sus lógicos altibajos, entre los directores más interesantes de su país durante muchas décadas. Ahora que ha muerto solo nos queda darles las gracias, como a tantos otros directores, por todo aquello que nos ha legado.
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