He aquí uno de los directores actuales que más me interesan. Uno de mis favoritos; uno de esos autores que marcan un antes y un después en la memoria del espectador. Takashi Miike era un desconocido en nuestro país hasta que llegó ‘Audition’. ‘Llamada Perdida’, más comercial, más simple, igualmente efectiva, volvió a hacer sonar el nombre de Miike entre el público. Ahora, gracias a Quentin Tarantino, el director japonés vuelve a hacer ruido con su ‘Sukiyaki Western: Django’, presentada en Sitges pero aún sin fecha de estreno en nuestro país.
Muchos calificativos acompañan a Miike. Los más usados: prolífico, transgresor, radical, violento, polémico, ecléctico. Desde luego, se los merece. Yo añadiría uno que no suelo ver: cómico. De hecho, fue esta faceta suya la que me atrapó. Tiene un sentido del humor de lo más particular, sucio, ácido, realista, absurdo, “insano” (o enfermo, si se quiere). Personalmente, encuentro refrescante esa actitud suya de salirse de la norma. Es por lo que he seguido fielmente la trayectoria de Miike, a pesar de obras horrorosas como ‘Andromedia’, ‘Izo’ o ‘Big Bang Love Juvenile A’. Perdonables, al fin y al cabo, el riesgo es de agradecer. Destacar también que al japonés le encanta jugar con el espectador, especialmente con esos finales imposibles donde el director reta, divertido, a buscar sentido a algo que, directamente, no lo tiene. Si buscáis, encontraréis infinitas interpretaciones de los desenlaces de ‘Ichi the Killer’ o la mencionada ‘Llamada Perdida’.
Sin embargo, la violencia parece serlo todo hoy día. Y es por el modo de mostrar la violencia y por cómo escandaliza a la audiencia mayoritaria por lo que Miike se ha hecho popular. Por ese final de ‘Audition’, por la brutalidad de ‘Imprint’, que fue censurado en ese país tan poderoso y tan hipócrita como Estados Unidos. Es normal. Es lo que más llama la atención. Yo aconsejo a los que sólo se quedan con esta visión que vean títulos como ‘The Bird People in China’ o ‘The Great Yokai War’. A Miike no se lo puede encasillar. Hace lo que le da la gana y se divierte jugando con todo; y se nota.
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