“El reconocimiento del padre. Me reconfortó entonces. Y ahora me reconforta aún más. Todos somos niños. Todos necesitamos reconocimiento.”
-Jean-Dominique (Mathieu Amalric)
Cuando uno se encuentra con una película de estas características, se arrepiente y se avergüenza de haber considerado a otros largometrajes como grandes o importantes, y al entrar en contacto con tanta belleza, pudor y dolor, comprende uno un poco más lo que significan esas palabras. La historia de Jean-Dominique Bauby, que sufre en 1985 un infarto cerebral que le deja incapacitado para moverse y comunicarse, es del tipo que a mí en un principio no me interesa mucho, pues la historia del cine está trufada de películas sentimentalistas sobre incapacitados y sobre tragedias físicas de toda clase, y muy pocas veces surge un cine interesante de todo eso. Sin embargo, ‘La escafandra y la mariposa’ (‘Le scaphandre et le papillon’, Julian Schnabel, 2007), es una de esos extraños casos en los que queda desterrado todo sentimentalismo, todo carácter ilustrativo, toda moralina, todo mensaje. Con verdad y pasión estremecedoras, se zambulle en la vida de un hombre paralizado (en casi todos los sentidos), y no da pena, sino que regala luz.
Editores 7
Comunidad 8,5