Es curioso lo que sucede a menudo en la carrera de los directores más reconocidos. Los bandazos, las excepciones temáticas de su carrera, terminan siendo más importantes que lo que se le supone como característico o proverbial. La tercera película dirigida por Spielberg en apenas 18 meses, después de dos sci-fi consecutivas (‘A.I.’ y ‘Minority Report’), es un extraño biopic, centrado en la misteriosa y poco conocida fuera de EEUU figura de Frank Abagnale Jr., falsificador e impostor nacido en 1948, que durante los años sesenta se hizo pasar por médico, piloto de avión y abogado, todo antes de cumplir los veinte años. Tan notable y escurridiza figura le sirvió a Spielberg para volver a asombrar en 2002.
Porque ‘Atrápame si puedes’ es la mejor película de Steven Spielberg, la más redonda, sorprendente, emocionante y conmovedora, desde ‘La última cruzada’, trece años antes, así de sencillo. En ella Spielberg toca el techo de los maestros, con sencillez y humildad absolutas, sin el menor rastro de su complaciente y habitual caída en la blandenguería sentimentaloide, y demostrando hasta qué punto gran parte de la carrera de este cineasta inigualable está francamente desaprovechada. De hecho, el abismo estético que existe entre, por ejemplo, esta y ‘La última cruzada’ respecto a otras como el díptico jurásico o ‘Amistad’ es tan inmenso, que no se necesitan más pruebas para comprender que no siempre se toma igual de en serio su trabajo.
Por supuesto todo comienza con unos títulos de crédito (ya sé que muchos de los que leen este texto primero han hecho click al play en el video de más arriba) que desde que aparecieron en un cine gozan de una merecidísima fama. Creados por Kuntzel Deygas, resumen el tono, el estilo visual, la atmósfera y gran parte de la historia que vamos a presenciar. Una historia larga, densa e intrincada, pero que Spielberg resuelve con una luminosidad y una sencillez abrumadoras, sin aburrir en ningún momento, con un extraño sentido del ritmo que acelera y decelera la historia según le conviene, sin crear la menor sensación de arbitrariedad en el espectador. Por supuesto, gran parte de todo esto es posible gracias a un guión soberbio, seguramente el mejor que ha escrito jamás, de Jeff Nathanson, que luego repetiria para Spielberg en la muy inferior ‘La terminal’.
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