El caso de Oliver Hirschbiegel es algo realmente preocupante. Después de darse a conocer con la laureada ‘El experimento’ (‘Das Experiment’, 2001) —de la que este año nos llegará el remake estadounidense— conoció proyección internacional gracias a la nominación al Oscar conseguida con la correcta ‘El hundimiento’ (‘Der Untergang’, 2004). El siguiente paso fue lógico, probar suerte en la maquinaria hollywoodiense con una nueva versión de ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ (‘Invasion of Body Snatchers’, Don Siegel, 1956), pero un rodaje catastrófico —que requirió de nuevas escenas filmadas por James McTeigue— seguido de un montaje desastroso nos privó en gran parte de las posibilidades del relato en manos del director alemán.
Con ‘Cinco minutos de gloria’ (‘Five Minutes of Heaven’, 2009) Hirschbiegel regresa a Europa, y en una coproducción entre Inglaterra e Irlanda, nos relata una historia sobre el perdón, la culpa y el olvido. Una trama divida en tres bloques perfectamente reconocibles en los que el director pretende poner toda la carne en el asador, sensación que se desprende de su primer tercio para luego no profundizar y terminar siendo una película menos trascendente de lo que aparenta.
El escritor de telefilms Guy Hibbert, ya experimentado en temas espinosos, comienza su historia a modo de flashback y nos traslada a la Irlanda del Norte de 1975. Alistair Little es un joven de 16 años perteneciente a una célula del UVF (Fuerza de Voluntarios legitimista del Ulster) que desea con todo su corazón cometer su primer asesinato. Recibe el visto bueno para liquidar a un católico, James Griffin, y con sus amigos más íntimos se prepara para dar el golpe. Justo cuando comete el crimen se encuentra con el hermano pequeño de la víctima, que quedará marcado para siempre por tan fatídico hecho. Pero no será el único que cargue en su conciencia con una muerte que pudo haberse evitado. Treinta años más tarde ambos se encontrarán para intentar una reconciliación ante las cámaras de televisión.
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