‘Honkytonk Man’ es la película que Clint Eastwood dirigió el mismo año que nos martirizó con ‘Firefox’; un absoluto y radical cambio de imagen, sobre todo para aquellos que veían en el actor director únicamente un hombre de acción. Honkytonk significa bares de mala muerte, o garitos, por lo que el título original sería traducido al español algo así como El hombre de los garitos; ‘El aventurero de medianoche’ es el desconcertante título que recibió en nuestras salas, donde fue un rotundo fracaso, pues Eastwood, una vez más y con toda la razón del mundo, pasó de contentar a su fans más facilones, filmando una de las películas más personales de su carrera. En Estados Unidos también fracasó, y en Europa, donde fue muy bien recibida por la crítica —Cahiers a la cabeza—, tuvo más o menos la misma suerte.
El paso del tiempo, que en esto del cine suele poner las cosas en su sitio, ha permitido que la injusta recepción que el film tuvo en 1982 se desvaneciera, siendo tratada como lo que es: uno de los mejores trabajos de Eastwood delante y detrás de la cámara. Adaptación de la novela de Clancy Carlile, ‘El aventurero de medianoche’ narra la historia de Red Stovall —¿de qué me sonará a mí este nombre?—, un músico de country, enfermo y fracasado, en busca de una última oportunidad, acompañado de su joven e idealista sobrino. Aunque no lo parezca, el film cuenta con abundantes elementos autobiográficos del propio director, quien sufrió en sus carnes la pobreza cuando era niño.
‘El aventurero de medianoche’ pone de relieve el gusto de Eastwood por los perdedores, por los antihéroes, a los que siempre dio vida en sus films, aunque nunca con tanta crudeza y desesperanza como en el que nos ocupa. También puede verse en ella algo que muchos desconocen, al menos aquellos que tienen una imagen del actor totalmente equivocada, y es el enorme gusto musical de éste, siendo ésta la primera película de su carrera en la que la banda sonora cobra una importancia vital. Eastwood es un experto en jazz, aunque en ‘El aventurero de medianoche’ rinde un gran tributo al country, elemento catártico a través del cual hablará de la añoranza del lejano oeste, del sueño americano, y de la búsqueda de identidad en unos tiempos crueles.
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