El patriota

“Oh, hijo, no ha sido culpa tuya”

-Benjamin Martin (Mel Gibson)

En ocasiones uno se pregunta si algunas películas que vio le parecieron repugnantes en su momento por ciertos prejuicios ideológicos o de cualquier otra clase, y se contesta que seguramente no eran tan deleznables esas películas y que algo bueno, que se te escapa, deben tener, aunque sea escaso. Pero, claro, luego las vuelves a ver y te das cuenta de que hay subproductos que son un compendio de auténticas barbaridades, perpetrado por individuos de encefalograma plano, y que lo que dijo una vez Antonio Gasset Dubois, que es más fácil hacer una buena película que una mala, es completamente cierto, porque hay una casta de directores y actores que se esfuerzan como locos por convertir al cine en un crimen contra el buen gusto y la dignidad artística. No vale la pena ni preguntarse por qué lo hacen, ya que seguramente los motivos sean económicos, pero sí vale la pena preguntarse si puede ser verdad que el director, el guionista, el músico, los productores y los actores protagonistas de ‘El patriota’ (‘The Patriot’, Roland Emmerich, 2000) llegaron a creer que esta patraña podía tragársela alguien a estas alturas de la vida. Lo más preocupante es que algunos, muy pocos, sí se la tragaron.

¡Vótalo!

Editores 4

Comunidad 5,9

Actividad de la comunidad