La vida de Pi

¿Cuántas veces os han vendido una película como una producción de prestigio con la aparente intención de arrasar en los Oscar y ha acabado siendo un fiasco más o menos pronunciado? Porque yo ya he perdido la cuenta. De la cosecha de producciones de prestigio de cara a los próximos premios de la Academia de Hollywood, he de reconocer que ‘La vida de Pi‘ (Life of Pi, Ang Lee, 2012) era la que más dudas me despertaba, ya que la idea de un joven sobreviviendo en alta mar en compañía de un tigre de bengala sonaba un tanto absurda y si lo critico en los blockbusters, no iba a conformarme con que me se limitara a ofrecer un espectáculo visual de primer orden que ocultara una historia de interés reducido. No podría haber estado más equivocado.

Es cierto que la suspensión de la incredulidad es una de las claves cuando uno encara cualquier película (u otro tipo de relato), pero ‘La vida de Pi’ exige al espectador que acepte una premisa un tanto disparatada. Además, no tiene problemas en abusar de ese aspecto, ya sea intencionadamente – el simio llegando a la barca sobre una red repleta de plátanos- o por ciertas limitaciones – hay algún efecto especial demasiado evidente y llamativo-, pero el guión de David Magee a partir de la novela de Yann Martel tiene la suficiente capacidad como para ganarse primero al espectador antes hacerle partícipe de una experiencia inolvidable.

‘La vida de Pi’ no empieza con su protagonista a bordo del barco que naufragará, sino que prefiere evitar uno de los principales errores de ‘Lo imposible‘ (Juan Antonio Bayona, 2011): Conseguir que el espectador se implique emocionalmente con el periplo vital (y el posterior sufrimiento) de Pi. Eso sí, lo hace utilizando uno de los recursos más problemáticos que puede utilizar cualquier ficción audiovisual: La historia de Pi está contada por él mismo, pero ya adulto. Este punto, posiblemente intrascendente para muchos, es algo que suelo odiar, siendo, por poner un ejemplo que la mayoría conocerá, lo único que no me funcionaba en ‘Los puentes de Madison‘ (The bridges of Madison county, Clint Eastwood, 1995).

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