Última película del gran director Robert Rossen, y que me faltaba por ver. Al mismo tiempo, probablemente sea su peor película, porque incomprensiblemente películas tan malas como ésta, hoy se hacen muchas, pero en aquella época, puede que el film de Rossen se lleve la palma como una de las películas más insoportables que se hayan hecho.
Vincent Bruce es un joven introvertido que acepta un trabajo en un psiquiátrico, donde conocerá a Lilith Arthur, una paciente interna, y mientras se enamora de ella, será conducido hasta las puertas de la mismísima locura.
El extenso y variponto reparto se pasea por el film con caras extrañas, tanto los que hacen de locos como los que hacen de cuerdos, en un intento, probablemente de juntar los dos mundos, de cordura y locura, cosa que no se consigue, pero es que ni lo más mínimo, y uno se queda estupefacto presenciando las bobaliconas interpretaciones que se dan en la película.
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