Mal día para pescar

Esta tarde se estrena la opera prima de Álvaro Brechner, ‘Mal día para pescar’. El film nos cuenta los avatares de un timador que insinúa que podría haber sido un príncipe de una estirpe italiana y de un ex campeón de lucha libre algo acabado. Se dedican a viajar por ciudades latinoamericanas en las que organizan combates amañados fingiendo que ofrecen mil dólares a quien derrote al campeón. Sin embargo, en la última parada, el contrincante comprado acaba en la cárcel y al luchador le surge un rival que por primera vez podría plantarle cara realmente. El mánager, lleno de deudas hasta las cejas, tiene miedo de perder y no poder entregar el premio de mil dólares, así que intentará echarse atrás o convencer al retador de que no compita. Sin embargo, éste tiene motivos de peso para subir al ring.

La cinta está ambientada en los años sesenta y esto aporta un aire muy interesante a la realización de Brechner que, con encuadres muy publicitarios, resulta sumamente acertada. Los mundillos del juego, las peleas, los embaucadores, el vivir al día, los ardides para salir adelante… son elementos agradecidos para la literatura y el cine y que aquí nos introducen en un atrayente universo. El placer del disfrute de ‘Mal día para pescar’ puede recaer más en el sentido de la vista o en la recreación intelectual por lo estético que en una penetración emotiva en la historia y los personajes.

‘Mal día para pescar’, que tiene este título debido a que los protagonistas se instalan en Santa María durante la temporada de pesca, está basada en el relato ‘Jacob y el otro’ de Juan Carlos Onetti. Durante casi todo el metraje, el argumento se va desarrollando sin problema, ya que surgen nuevos conflictos y las situaciones toman diferentes carices. Pero existen un par de secuencias en las que el avance de la trama está paralizado, lo cual probablemente está causado por el origen corto de la historia. Estos momentos bajos afean el conjunto argumental que, de no ser así, sería intachable. Asimismo, en los minutos finales, aquellos que cierran el film, casi como un epílogo, después de que se haya solucionado la intriga principal, se les dan unas vueltas a los personajes que no me convencen y que pierden la fuerza dramática que mantenían hasta entonces.

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