Hace ya tiempo, Chico Viejo y yo intercambiamos un listado películas asiáticas por uno de films clásicos. Eran recomendaciones que uno le hacía al otro, para que nuestra cultura cinematográfica creciera un poquito más. En dicho listado se encontraba recomendaba muy, pero que muy efusivamente por mi compañero de los ojos rasgados, esta película titulada ‘Nadie Sabe’, y me he decidido a verla estos días aprovechando que este próximo viernes se estrena el siguiente film del director, ‘Hana’, de la que ya os hablaré más adelante. Tengo que decir que de momento me estoy llevando muy buenas sorpresas con las mencionadas recomendaciones, que me ayudan a descubrir un tipo de cine que hasta hace bien poco era un completo desconocido para muchos de nosotros. Un tipo de cine que otros muchos rechazan únicamente por provenir de donde proviene. Y es que muchos se acercan al cine actual oriental desde la misma perspectiva que si se acercan a un film occidental. Sin lugar a dudas, creo que es un craso error por parte de algunos, ya que opino que hay que hacerlo cambiando un poco el “chip” de lo que estamos acostumbrados a ver, y sobra decir que la forma de vida oriental es algo totalmente distinto a la occidental y que por supuesto se refleja en los films, los cuales contienen otra forma de narración. ‘Nadie Sabe’ es una de esas películas “distintas”, la cual obtuvo cierto éxito en el 2005, llegando a ser considerada por muchos como la mejor película oriental estrenada durante aquel año. Quizá sea exagerado, pero desde luego nos encontramos ante una buena película.
El muy esquemático argumento de ‘Nadie Sabe’ nos habla de cuatro hermanos abandonados por su madre en un pequeño apartamento de la ciudad de Tokyo. Todos tienen diferentes padres, debido a la dificultad de sus madre de encontrar una pareja estable, y nunca han ido a la escuela. Su existencia es más bien miserable, aunque a veces llena de pequeñas alegrías que son todo un mundo para los cuatro pequeños.
Hirokazu Koreeda es bien claro en sus intenciones. Su guión es milimétrico, breve y conciso. Va directamente a lo que quiere contar y a lo que nos quiere transmitir, y viendo la película no lo pasamos precisamente bien, gracias a la sequedad del director a la hora de narrarnos unos hechos por momentos duramente dramáticos. Por cierto, el film está basado en hechos reales, y aunque no fuera así daría igual ya que la película navega bajo una halo de realismo que realmente asusta. Desde el comienzo mismo estamos apegados a ese grupo de hermanos que tiene que esconderse para que la gente no sepa que existen. Un viaje que se nos hace difícil de aguantar, ya que Koreeda no deja ni una sola concesión al espectador. No está narrando un cuento de hadas, y llega hasta las últimas consecuencias, por mucho cine que esté haciendo. Hay momentos en los que se tiene la sensación de no estar viendo una película, sino de vivir en persona las vivencias de los desamparados niños.
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