Profesor Lazhar

No es casualidad que las diez mejores películas del año pasado fueran estrenadas en festivales. Creo que, hoy por hoy, tal como está el negocio, con una oferta de productos cada vez más amplia y menos exigente, los certámenes de cine son más necesarios que nunca; aunque los recortes presupuestarios y la necesidad de lograr la atención de los medios los lleve a menudo a convertirse en escaparates de famosos y producciones comerciales, cuando deberían funcionar como trampolines de atrevidos talentos y obras extraordinarias, además de estimular el interés cultural en las ciudades donde se celebran. Y esto vale para todos, desde el lujoso festival de Cannes hasta los más modestos, como el que se celebra en Cartagena, el FICC. Gracias a sus organizadores se pudo disfrutar, meses antes de que llegaran a las carteleras, gratis y en versión original subtitulada, de títulos como ‘Intocable’, ‘Kiseki (Milagro)’ o ‘Profesor Lazhar’, una absoluta maravilla que nadie debería dejar pasar.

La vi en diciembre pero el recuerdo de algunas de sus escenas aún me conmueve (el cierre es toda una lección de cine). Escrita y dirigida por Philippe Falardeau, ‘Profesor Lazhar’ (‘Monsieur Lazhar’) es una producción de 2011 nominada al Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa (está hablada en francés) y triunfadora en los premios de la academia de cine canadiense (6 galardones, incluyendo mejor película, dirección, guion adaptado y actor protagonista), que se estrenó en nuestro país el pasado 18 de mayo (por eso no está en mi lista de lo mejor de 2011) de la mano de la distribuidora A Contracorriente Films, que ha obtenido un estupendo rendimiento de las casi 100 copias que puso en circulación. 80 menos de las que cuenta algo como ‘El enigma del cuervo’ (‘The Raven’), por poner un ejemplo de cine mediocre, torpe y vacío. No ha sido ni ha buscado ser un éxito de taquilla pero ‘Profesor Lazhar’ es todo lo que uno puede pedir al séptimo arte: cautiva, divierte, emociona, enriquece, hace reflexionar y queda en la memoria.

Tengo que admitir que probablemente todos esos chicos son parte de mí. Ese niño que tuvo anemia, que parece que siempre sufre dolor de cabeza. Fui él a veces. Ese chaval turbulento que siempre está tirando cosas. Fui él también. La pequeña Alice, tan curiosa que pregunta a este hombre extraño de dónde viene, cuál es su país. Fui así.

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