En su ópera prima —recordemos que ‘El diablo sobre ruedas’ (‘Duel’, 1971) es un telefilm, que en Europa se estrenó en sales comerciales—, la excelente ‘Loca evasión’ (‘The Sugarland Express’, 1974), el actor Ben Johnson da vida al policía que persigue a la pareja fugitiva, y las características de su personaje beben directamente del western. Ahora sólo tengo que citar películas como ‘Fort Apache’ (id, 1948), ‘Rio Grande’ (id, 1950) o ‘Caravana de paz’ (‘Wagonmaster’, 1950), y el nombre que sale por lógica es el de John Ford. En ‘Tiburón’ (‘Jaws’, 1975), el Jefe Brody mira por encima del hombro de su interlocutor, preocupado por el peligro en el mar. El referente es Alfred Hitchcock, y la película ‘Yo confieso’ (‘I Confess’, 1953), y cuando Brody descubre el cuerpo de Chrissie, ‘Centauros del desierto’ (‘The Searchers’, 1956) hace acto de presencia; Ford de nuevo. No necesito decir en qué lugar se produce el maravilloso clímax de ‘Encuentros en la tercera fase’ (‘Close Encounters of the Third Kind’, 1977). En ‘En busca del arca perdida’ (‘Raiders of the Lost Ark’, 1981) es prácticamente imposible enumerar todas las referencias, pero estas van desde Erich Von Stroheim hasta John Huston, pasando por Victor Fleming o Michael Curtiz. Lo mismo ocurre con sus secuelas.
Sigamos. En ‘E.T’ (id, 1982) la más famosa secuencia de la silueta en la luna proviene de un film de Disney de imagen real dirigido por el director más habitual de la casa, Robert Stevenson, el título ‘Un sabio en las nubes’ (‘The AbsentMinded Professor’, 1961). El final de ‘El color púrpura’ (‘The Color Purple’, 1985) remite de nuevo a Ford y ‘Centauros del desierto’. En ‘Always’ (id, 1989) el eco de Victor Fleming es evidente, ya que se trata de un remake de una de sus películas, y Ford aparece de nuevo con ecos de ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (‘The Man Who Shoot Liberty Valance’, 1962). ‘Salvar al soldado Ryan’ (‘Saving Private Ryan’, 1998) contiene referencias a Kurosawa, David Lean y de nuevo a Ford en su film más mencionado aquí. En ‘Minority Report’ (id, 2002) Hitchcock está muy presente; y ‘La guerra de los mundos’ (‘War of the Worlds’, 2005) es una actualización de los modelos de producción de cineastas como George Pal y Cecil B. DeMille. En ‘War Horse’ Spielberg no disimula absolutamente nada sus gustos cinéfilos, y nos brinda el ejercicio retro más atrevido de su filmografía.
El amor y admiración hacia el maestro John Ford no es nada nuevo en el cine de Steven Spielberg, para quien suscribe uno de los mejores directores de todos los tiempos, así como suena, con sus baches —pocos— y sus logros —innumerables—, y que con el presente film, adaptación del libro homónimo de Michael Morpugo, nos brinda su mejor trabajo desde la incomprendida y grandiosa ‘A.I.’ (id, 2001). Conviene señalar que Spielberg ha declarado basarse más en la obra teatral que se representa en Londres desde hace años, a la que un servidor tuvo oportunidad de asistir hace unos meses, y que me dejó con la boca abierta por su fuerza e imaginativa en la puesta en escena —el caballo era mecánico, manejado por dos personas—. La historia sigue las andanzas de Joey, un caballo que se separa de su dueño, el joven Albert (Jeremy Irvine), al tener que servir a las tropas inglesas en la I Guerra Mundial, la cual aparece por primera vez en la filmografía de Spielberg, habiendo hecho anteriormente nada menos que cuatro incursiones —una en clave de comedia y las otras tres, dramáticas— en la II.
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