Marcos Cabotá y Borja Manso debutan en la dirección poniendo en imágenes un guion de Borja Cobeaga y Borja Manso, además de una serie de colaboradores; que cuenta que tres treintañeros, amigos desde la infancia, se desentienden de un cuarto componente de la pandilla que supone una amenaza para su salud y sus bolsillos por su desmedida afición a las locas apuestas. Algo después, conocen la noticia de que su amigo ha muerto y acuden a su funeral donde un abogado les dice que les dejó lanzada su última apuesta: el que aparezca en televisión y acumule más audiencia, se llevará los 17 millones de euros que componen su herencia.
Que ‘Amigos…’ trata de ser comedia no es un hecho discutible. No una pieza costumbrista de humor de baja intensidad ni un acercamiento amable a una historia emotiva que como mucho nos haría sonreír, no: ‘Amigos…’ tiene la intención de resultar un desternillante entretenimiento con elementos paródicos y un sinfín de sucesos que tendrían que llevar al espectador al descacharre intestinal. Que una película con esas pretensiones resulte no solo poco graciosa, sino aburrida , supone el fracaso absoluto ya que, habiendo colocado al humor como componente principal, por encima del retrato de personajes, de la progresión argumental o de cuestiones profundas, si no se ha logrado, no queda nada.
La comicidad, ya desde la escritura del guion, se brinda con diferentes técnicas: los diálogos ingeniosos con golpes o juegos supondrían una de ellas, la caracterización de los personajes sería otra… el humor de situación añadiría una tercera argucia. El libreto de ‘Amigos…’ se queda solo con esta última opción y no busca surgir de los diálogos ni de los personajes. El problema de basar la gracia únicamente en las situaciones radica en que, si estas no se realizan con muchísima capacidad para la comedia y se montan con ritmo, las escenas quedarán insulsas. Así les ocurre a estos dos directores noveles que en su primera incursión no saben sacarle jugo a lo poco divertido que tenían en el papel. Una banda sonora que acompaña con tonos más dramáticos o neutros que joviales termina de restarles todo resquicio de comicidad a esas escenas.
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