Arma letal

Cuando tenía 19 años, acerté a un tipo en Laos a más de un kilómetro. Un tiro de rifle con viento en contra. Puede que haya ocho o diez personas en el mundo capaces de hacerlo. Es lo único que sse me da bien. Te veré mañana.”

- Martin Riggs

Cuando hace poco, a tenor de otro tema, comenté el bajón de calidad en el cine norteamericano en los años ochenta, después de unos setenta muy estimulantes, algunos lectores dejaron clara su devoción por muchas películas icónicas de esa década. Por supuesto que los ochenta trajeron unas cuantas películas maravillosas del otro lado del Atlántico, pero también conllevaron una degradación de ciertos géneros o formas narrativas, una sumisión al público adolescente, y una simplificación conceptual que ha generado, en gran medida, el aluvión de cine basura comercial de los años noventa y de la pasada década, en una caída libre de imaginación, de ingenio y de artesanía incontestable. Es lo que pasa cuando los estudios se convierten en sucursales bancarias y los productores en traficantes de drogas. Uno de los títulos más famosos de aquellos años es, qué duda cabe, ‘Arma letal’ (‘Lethal Weapon’, Richard Donner, 1987), que durante muchos tiempo ha sido un referente comercial de las “películas de polis”, y que pasaron hace un par de noches (no tuve ocasión de verla una vez más, excepto las últimas escenas) por televisión.

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