No soy un fan acérrimo de las películas de James Bond. Salvando los tres primeros títulos de la serie más ‘Diamantes para la Eternidad’ las demás me parecen algunas entretenidas, otras menos entretenidas y la mayoría auténticas tonterías en las que la complicidad del espectador ni siquiera tiene cabida, algo que desde luego necesitan los films sobre 007 con sus más que increíbles secuencias de acción. Sin embargo poco vale la complicidad si al espectador le toman el pelo con bodrios del calibre de ‘Panorama para Matar’ o ‘Goldeneye’. De todos modos hay que reconocer que James Bond tiene universo propio, en el cual hay unas determinadas reglas, que pocas veces se han atrevido a romper quizá porque esa rotura no era del todo efectiva. Han tenido que llegar tres guionistas con las cosas muy claras para escribir un film verdaderamente distinto, con una sólida base literaria (evidentemente moviéndose dentro de los parámetros del cine de acción), y han tenido que venir unos actores a demostrar cómo hay que moverse en un film de James Bond, y es que ‘Casino Royale’ es, junto es esos cuatro títulos de Connery, la mejor película de una saga ya larga, pero que ahora vuelve a renacer en todo su esplendor.
La historia de ‘Casino Royale’ nos lleva a la primera aventura del agente secreto británico, de cómo obtiene su licencia de doble cero, o sea, licencia para matar. De cómo perseguriá a un carismático villano hasta el Casino Royale, en el que medirá sus fuerzas con él de una forma ciertamente curiosa. Como en todos los films de Bond, el argumento siempre es algo confuso, la historia central parece cogida por lo pelos. Sin embargo aquí, lo que la diferencia de las demás son las situaciones por las que pasa el personaje principal, algunas de ellas excelentemente filmadas por un más que inspirado Martin Campbell, quién me ha sorprendido muy gratamente en su trabajo de director, teniendo en cuenta su más que lamentable filmografía.
A los guionistas Neil Purvis y Robert Wade se les ha unido el ya necesario Paul Haggis y se nota. Los diálogos están más cuidados, las relaciones entre personajes, sobre todo los dos principales están más estudiadas y son bastante convincentes. Además no han llenado la película de escenas de acción inverosímiles. En esta entrega la acción es más física, mucho más creíble y curiosamente mucho más espectacular y efectiva. Toda una gozada presenciar escenas como la persecución inicial que es verdaderamente deslumbrante, o el prólogo filmado en blanco y negro donde Bond comete un asesinato enormemente violento. Una violencia explícita y muy bien mostrada, nada gratuita.
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Comunidad 8,3