David Wain

Mi compañera Beatriz es una fan acérrima de la comedia en general y de Judd Apatow en particular, pasión esta última que no comparto en absoluto, a pesar de que sí creo que en su cine —tanto en las películas que ha dirigido como en las que ha producido, que curiosamente me parecen superiores— hay momentos desternillantes. Sin embargo, creo que a pesar de que Apatow intenta ser irreverente, y muy políticamente incorrecto, al final termina saliéndole el tiro por la culata, y sus films además de demasiado largos —una comedia jamás debe excederse en su duración— acaban resultando una oda al conservadurismo más atroz.

(Spoilers) ‘Sácame del paraíso’ (‘Wanderlust’, David Wein, 2012) no es una excepción, aunque por otros detalles creo que estamos ante una de las mejores comedias salidas de la factoría Apatow. El film supone la cuarta colaboración entre su realizador, el desconocido —al menos para la gran audiencia— David Wain y Paul Rudd, uno de esos carismáticos actores, casi siempre ligados al género, que no termina de convertirse en una estrella a pesar de que raro es el año en el que no se estrenan un par de films protagonizados por él. Rudd posee ese rostro amable y “normal” que hace que la mayoría de las veces nos identifiquemos con sus personajes. En ‘Sácame del paraíso‘ comparte cartel con Jennifer Aniston, que da vida a uno de esos personajes que poco se apartan de su sempiterna Rachel de la sobrevaloradísima ‘Friends’. Una tópica pareja protagonista en un film en el que los secundarios prácticamente lo son todo, algo que ya parece una norma en los films de la casa Apatow.

Los primeros minutos de ‘Sácame del paríso’ nos muestran a George (Rudd) y Linda (Aniston) intentando afrontar la compra de un mal llamado microloft, el sueño de todo americano medio. Es un inicio bastante moderado en todos los aspectos, y también efectivo, ya que uno llega a preguntarse si realmente merece la pena endeudarse durante años para pagar la hipoteca de lo que muchos llamarían hogar, cuando no son más que unos pocos metros cuadrados donde el joven matrimonio hace toda su vida, esto es, dormir, follar, comer y dar fiestas. Un apartamento —ni eso— demasiado pequeño que cuesta un dineral. Ya sabemos entonces que la historia tomará unos derroteros que subrayarán la no necesidad de bienes materiales para ser verdaderamente feliz.

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