La Roca

El único hombre fugado de Alcatraz (Sean Connery) es la última esperanza para detener a un peligroso soldado (Ed Harris) cuya rebelión se ha tomado rehenes en la célebre presión. Un químico experto en bombas (Nicolas Cage) será su inesperado compañero.

He querido disfrutar de las dotes como director de Bay en uno de sus intentos más entretenidos hasta la fecha pero me resisto a hablar de esta película como un clásico de acción. A excepción de una eficaz escena final, a cámara lenta, tanto las persecuciones como los tiroteos de esta película sufren de los mayores males del cine de acción mal entendido: uso antivisual de la planificación, mareo constante, montaje rápido, renuncia a la claridad expositiva por la confusión medioambiental. Todas estas características van en contra del mejor cine de acción que ha sido, tradicionalmente, un cine de montaje, precisión y composición que surge la tentación, por supuesto, absurda de llamarlo cine puro en la medida en que las coreografías necesarias y requeridas son del todo estrictas. El último gran ejemplo en el cine hollywoodiense es el superdotado James Cameron, y en su vertiente más “hiperkinética” y temblorosa, Paul Greengrass, cuyo respeto para las reglas del espacio se combina con un ingenioso uso de teleobjetivos, zooms y cámaras al hombro.

No, el problema no es el operador, es siempre la composición. Así que esta película de Michael Bay, que escribieron David Weisberg, Douglas S. Crook, Mark Rosner y un no acreditado Quentin Tarantino (las referencias pop a Alcatraz, el asesinato de Kennedy,e tcétera, llevan su inconfundible sello autoconsciente y de verborrea) es que no cuentan con un director a la altura de la historia.

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