Leonard Nimoy

“Tu padre fue comandante de una nave estelar por doce minutos. Salvó ochocientas vidas, incluida la tuya. ¿Crees que puedes hacerlo mejor?”

Algunas películas, más que para hablar de sus imágenes (que también), para valorar su alcance moral, estético o narrativo (que también), nos sirven, sobre todo a los que nos gusta reflexionar desde un punto de vista más global, para llevar a cabo una lectura del devenir del cine de género, más concretamente los géneros “duros”, como lo son el de fantasía y el de sci-fi, y otros más envolventes como lo es el cine de acción y aventuras. Por otro lado, resulta muy fácil, con estas películas, alcanzar una visión general de cuáles son los resortes que impulsan la industria audiovisual norteamericana, para bien y para mal. El segundo largometraje de J. J. Abrams, después de su vibrante (quizá la más sólida) tercera parte de la franquicia de Ethan Hunt/Tom Cruise, es otra puesta al día de un material previo, casi una puesta en escena de la nostalgia televisiva y de cierta concepción de la sci-fi (que no es tal, sino un cine de fantasía con naves espaciales, como ‘Star Wars’). Y no se puede decir que le saliera mal la jugada, pero tampoco hablamos de un triunfo ni de una fenomenal conquista.

El productor, escritor, compositor, técnico de sonido y efectos visuales, y director de televisión Abrams, encarna a la perfección esa expresión de “chico más listo de la clase”. Habiendo mamado el mundo de la televisión desde crío (su padre es un importante productor de televisión todavía en activo), J. J. es algo así como el Steven Spielberg de las nuevas generaciones (de hecho, como bien sabrá el lector, Spielberg y Abrams llevan un tiempo trabajando juntos, y son grandes amigos) y está más que dispuesto a comerse el mundo. Probablemente nunca llegue a convertirse en un director de referencia (es decir, en un cineasta con una concepción propia del mundo y del cine), pero parece claro que por su dominio de las estrategias de marketing, por su capacidad de trabajo, por su enorme ambición, Abrams piensa dar guerra bastantes años, buscando grandes éxitos de taquilla con impacto en la memoria cinéfila y una razonable destreza en la composición de sus realizaciones. ‘Star Trek’ (id, 2009) es todo eso y, además, un gran divertimento.

Eso sí, tal como dije en su día, cuando elegí el mejor trailer de 2009, esta aventura no aprovecha todas las posibilidades que se le ofrecen, ni se mantiene fiel al camino que Abrams se marca previamente. En ese fenomenal trailer (aún hoy lo vuelvo a ver, y me emociona) se nos cuenta una historia completa, con principio, desarrollo y conclusión, y con una serie de ideas icónicas del héroe universal que, desde hace siglos, se ha ido forjando hasta su concepción en el siglo XXI. Esperaba yo una película a la altura de ese avance (realmente, hay avances mucho mejores que lo que anuncian…) y sólo lo encontré a ráfagas. Esta enésima película de la serie creada por Gene Roddenberry en los años sesenta, lleva a cabo uno de los muchos “reinicios” (qué poco me gusta esa expresión) que vemos hoy día de materiales previos, y es fácilmente la mejor de la saga (tampo era muy difícil…), la mejor escrita y la más sólida narrativamente, pero acaba sabiendo a poco una vez termina. Siendo uno de los artífices de series tan vibrantes como ‘Alias’ (2001-2006) o ‘Perdidos’ (‘Lost’, 2004-2010), Abrams se sienta en la silla de director con más astucia y brillantez que pasión o ingenio.

¡Vótalo!

Editores 0

Comunidad 0

Actividad de la comunidad