Blade Runner

Antes que nada, una advertencia: no escribo mi crítica sobre ‘Blade Runner’ en este blog (ya he escrito otros textos sobre ella aquí y en otros blogs) para justificarme ante algunos comentarios que “me exigían” argumentos después de leer que la considero sobrevalorada. Más bien este texto me va a servir para dejar las cosas claras de una vez, y va a ejercer de pozo de indignación de todos aquellos fanáticos que oyen nombrar el título de esta película y si a continuación no se dice obra maestra se te tiran a la yugular. Así podré enlazarla en el futuro, y cada vez que diga que está sobrevalorada, o algo por el estilo, aquí el lector podrá leer mis argumentos.

Tampoco es mi intención escribir un texto con el ánimo de ofender a nadie. Sí con el de provocar polémica, la madre de todas la buenas ideas de este mundo. No es lo mismo una cosa que la otra. Yo creo sinceramente que el tercer largometraje del director más creído de la historia del cine es una ficción científica aburrida y confusa, además de poseer, claro que sí, una formulación plástica fascinante, y algunos buenos momentos aislados que no logran levantar un conjunto pesado, autocomplaciente e insatisfactorio. Mi única exigencia es escribir lo que pienso.

Allá por 1982 se estrenaba esta película, en la que algunos no confiaban demasiado, a pesar de estar dirigida por un tipo cabezota y brillante, con muchas ideas de fotografía, que ya había sorprendido al mundo entero con una obra maestra: ‘Alien, el octavo pasajero’. Nadie sabía por entonces, como es lógico, que nunca más repetiría, ni siquiera se acercaría, a aquella perfección. Y su siguiente película iba a empezar a confirmarlo. En un rodaje caótico, con un guión mutante (mil veces reescrito) sobre una novelita insustancial, con Harrison Ford harto de tener que esperar horas para hacer una mísera toma, el director acabó pidiendo varias semanas de retomas para retocar la luz y la misma historia.

¡Vótalo!

Editores 8,3

Comunidad 8,8

Actividad de la comunidad