La semana que viene Dentro de dos semanas, concretamente el miércoles, se estrena entre nosotros, ‘Soy Leyenda’, una nueva adaptación de la inmortal obra de Richard Matheson. Lo cierto es que su director Francis Lawrence, lo tiene relativamente fácil para mejorar las dos versiones hasta ahora existentes. Ya os hablé en su momento de la protagonizada por Vincent Price, y hace unos días he revisionado la mucho más famosa ‘El Último Hombre… Vivo’ (The Omega Man, 1971), una película que siendo un chaval me encantó cuando la vi por televisión, y según he ido creciendo he ido bajando la valoración de la misma. Odio ese tipo de cosas, a veces es mejor quedarse con el recuerdo de algo que has visto de chavalito y no verlo cuando ya eres mayor, pues la decepción puede ser muy profunda.
No considero ‘El Último Hombre… Vivo’ una mala película, de hecho es superior a la anterior versión, pero ésta también tiene algunas cosas bastante cutres que le impiden ser una excelente película, aunque a día de hoy tenga prácticamente la condición de clásico. Su historia ya la conocéis de sobra: después de una gran guerra, la humanidad se ha dividido entre un único superviviente, y una especie de secta mutante, de los que tendrá que protegerse nuestro protagonista todas las noches, ya que estos individuos no soportan la luz del día, como los vampiros de la novela, pero a los que se les ha suprimido su sed de sangre.
El televisivo Boris Sagal se hizo cargo de esta adaptación, y su influencia televisiva se nota a lo largo de toda la proyección, pareciendo por momentos que nos encontremos ante una producción de lujo para la televisión. Una puesta en escena algo funcional, que por supuesto tiene sus mejores momentos en los inicios del film, donde vemos al protagonista deambular por las calles desiertas de una enorme ciudad. Muy bien esas secuencias en las que toma prestado un coche de un concesionario y simula comprarlo hablando solo, o aquella en la que se mete a ver una película en un cine, concretamente el mítico concierto de Woodstock, en el que puede ver a infinidad de personas, e irónicamente dice “ya no se hacen películas así”, frase utilizada en otro tipo de situaciones pero que en ese contexto funciona a la perfección (nuestro personaje se siente solo y echa de menos a la gente en general).
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