Es increíble que una de las frase de diálogo más recordadas de la historia del cine sea “Klaatu barada nikto!”, la cual se pronuncia en cierto instante de ‘Ultimátum a la Tierra’, un clásico de la Sci-Fi, dirigido por el insigne Robert Wise. Película ésta que ha influido con poder en mucho del cine que se hizo posteriormente, sobre todo en aquellas películas que han especulado sobre encuentros con extraterrestres. Títulos como ‘Independence Day’ o ‘Abyss’ han bebido de sobra de este film, la primera porque empieza exactamente igual, y la segunda por su peligrosa ideología (suprimida inteligentemente por Cameron en su montaje para cines). Hasta Michael Bay se ha inspirado, por decirlo suavemente, en ella, al filmar secuencias idénticas en su ‘Armageddon’, con esos momentos en los que los pueblos del mundo entero escuchan por la radio el mensaje sobre algo que viene del espacio. Por cierto, comparar ambas secuencias es una delicia, ya que mientras una es una muestra de sobriedad narrativa, causando en el espectador incluso temor, la otra es una muestra de ñoñería de postal.
Pero no quiero ser malinterpretado con lo que acabo de decir, además Michael Bay ya se basta él solito para ponerse a parir. ‘Ultimátum a la Tierra’ es un clásico, sí. También es una de esas películas víctimas del paso del tiempo, y aunque éste no le haya hecho demasiado daño, sí el suficiente para poder ver sus deficiencias. Su mensaje es lo más desfasado de todo. La energía atómica era algo a descubrir y experimentar en los años 50, y la posibilidad de que otros planetas se pudiesen ver afectados por ella, suena hoy tan ridícula que no puede pasarse por alto. Al mismo tiempo, la advertencia final de Klaatu puede tomarse como una amenaza de peligrosa ideología. Que el planeta entero pague por lo que unos pocos deciden hacer con la energía, es algo que se asemeja más a un “o estás conmigo o estás contra mí” (James Cameron realizó algo muy parecido en la mencionada ‘Abyss’). Pero eran tiempos de la Guerra Fría y la paranoia de los americanos por pensar que tenían un enemigo en todos lados, está latente en films como éste. Darle la vuelta, y ponerse como víctimas es incluso pretencioso.
Podríamos hablar también de la economía de medios, sobre todo en lo que respecta al robot que acompaña a Klaatu. Evidentemente, hay que ver la película en su contexto histórico, y en 1951 no se realizaban buenos efectos especiales, campo en el que se ha evolucionado de forma asombrosa. Aún así, el número de películas antiguas que han sobrellevado muy bien el paso del tiempo, es bastante elevado, fijándonos sólo en los efectos visuales. El encanto es su mayor baza, y ‘Ultimátum a la Tierra’, en este aspecto, lo conserva en parte. Ver al imponente robot totalmente quieto llega a impresionar, pero cuando echa a andar, sólo falta que le veamos la cremallera al traje. Curiosa sensación, realmente desconcertante.
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