Mientras escribo estas líneas, desfilan por la pantalla de mi televisor las imágenes de ‘Hellboy 2: el ejército dorado’ en su estreno en Canal + (no, no me pagan nada por darles publicidad, pero son los únicos que no cortan las películas para poner anuncios, se merecen un algo de respeto). De modo que me he decidido a sentarme delante del ordenador para repasar un poco el trabajo que ha hecho del Toro con el cómic de Mike Mignola.
Una cosa está clara: hay directores que se ganan una fama desmedida que nada tiene que ver con la importancia real de sus películas, sino más bien con el forofismo de un sector del público, siempre entregado a fantasías blandas y facilonas, y a cierto sector cinéfilo siempre dispuesto a adorar a ídolos de barro. Del Toro, en mi opinión, es uno de ellos. Un director que desde la magnífica ‘Cronos’ ha ido en caída libre con la sola excepción de la más que digna ‘El laberinto del fauno’.
De modo que lo que tendría que haber sido una carrera prometedora para un gran conocedor del cine y la literatura fantástica como es del Toro, se ha quedado en agua de borrajas, algunos intentos fallidos de ‘blockbuster’ y un par de aciertos fortuitos que no justifican una personalidad artística poco autoexigente. Vamos, que en lugar de crecer, este hombre da un paso atrás en cada película. Pero centrémonos en su díptico sobre el demoníaco personaje.
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