‘La trampa del mal’ (‘Devil’, John Erick Dowdle, 2010) es la primera entrega de una trilogía temática ideada por M. Night Shyamalan, que también ejerce tareas de creador de la historia y productor. Bajo el sugerente nombre de ‘Night Chronicles’, el excelente director de films como ‘El protegido’ (‘Unbreakable’, 2000) servirá varias historias de corte sobrenatural, y en las que dejará, por lo visto en la primera de ellas que llega la próxima semana a nuestros maravillosos cines, parte de las características que le definen sobre todo como escritor. Mientras Daniel Stamm —‘El último exorcismo’ (‘The Last Exorcism’, 2010)— se prepara para dirigir la segunda entrega, podemos disfrutar a medias de un producto muy por encima del actual cine de terror, pero que no termina de jugar bien sus cartas.
De hecho ‘La trampa del mal’ hará un flaco favor a la figura del realizador de origen hindú, pues servirá para que sus detractores, o lo que no conocen a fondo su estilo, empiecen a decir cosas como que esta película es mejor que los últimos trabajos de Shyamalan como director. Cuando se lleva consigo la capacidad de ser un genio, este tipo de sandeces se convierten en el pan de cada día, y si para algo sirve precisamente ‘La trampa del mal’ es para comprobar cuán importante es la figura del director en una película. Sin duda, la más importante, pues es él quien efectúa la puesta en escena, la principal virtud de un arte que a cada año que pasa se prostituye más y más.
‘La trampa del mal’ narra la historia de cinco personas que se quedan encerradas en un ascensor de uno de los altos edificios de la ciudad de Filadelfia —Shyamalan sitúa sus historias actuales en dicha ciudad—, situación que da comienzo después de un misterioso suicidio en el citado edificio. Un hombre se ha tirado por una ventana ante el estupor de todos, entre ellos un policía con trauma —su familia murió en un accidente de tráfico en el que el causante se dio a la fuga y nunca apareció— que al investigarlo terminará controlando la situación en el ascensor. En el mismo los encerrados empezarán a ponerse muy nerviosos cuando uno de ellos aparezca muerto tras un fallo en la luz. Un asesino está entre ellos, y tal vez no sea humano. Aclaremos que esta premisa nada tiene que ver con la famosa película de Dick Maas ‘El ascensor’ (‘De lift’, 1983), que logró que se le tuviera miedo a esos artilugios hoy tan necesarios.
Editores 3,5
Comunidad 5,4
La huella de Shyamalan queda patente en la ñoñería del final del filme. ¿Dónde está el humor macabro y la violencia de las películas de terror de Serie B? Desde El bosque, la carrera del hindú va cuesta abajo y sin frenos.