Hace poco comentaba ‘Las Colinas Tienen Ojos’, versión del 77 a manos del señor Wes Craven, y que me había decepcionado bastante. Lo cierto es que el señor Alexandre Aja lo tenía bastante fácil para superar dicha versión, y por otro lado no me apetecía demasiado ver un remake sobre un film que no me había gustado, aunque bien es cierto que el trailer tenía muy buena pinta. Otra de las cosas que me tiraba un poco para atrás es que Aja fue el responsable de un film titulado ‘Alta Tensión’, un film muy malo y pretencioso, lleno de incongruencias y tonterías por mucho que tuviera cierta atmósfera. Aún así, y cómo para opinar sobre una película hay que cumplir con el necesario requisito de verla, pues la vi, y tengo que decir que no me arrepiento en absoluto, porque a pesar de que no estamos ante un film perfecto, sí supera al film de Craven en todos sus aspectos. Y además es un entreteniminto de primer orden, parafraseando al gran Cecil B. De Mille cuyo primer mandamiento era: No Aburrirás.
La historia es prácticamente idéntica a la de su predecesora: una familia se pierde en una carretera desértica en Nuevo México. Mientras buscan ayuda son acosados por una familia que habita tan inhóspito lugar, y que no tienen muy buenas intenciones, ya que entre sus actividades cotidianas se encuentra el canibalismo. Pocas son las diferencias que hay, y sin embargo cuán distintos son los resultados, al haber quitado un mayor provecho de cosas como la ambientación o los detalles salvajes de su argumento, por no citar los arreglos argumentales que le han hecho, paliando así los defectos de guión que había en la anterior versión.
Alexandre Aja se luce retratando todos los elementos de la historia. Para empezar, el escenario, ese desierto en el que hace un calor de mil demonios, enfermizo y agobiante. Luego los personajes principales, la familia que se pierde y que no saben lo qué se les avecina, vencidos por ese calor y expuestos sin remedio a trágicos aconteciemientos. Y por último, esa otra familia, de monstruos por así decirlo, que viven mano a mano con ese paraje inhabitado, donde de vez en cuando cae algún despistado que no regresará de allí con vida. Aja no necesita profundizar en todo ello, mezcla esos tres simples componentes con total eficacia y equilibrio.
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