Vampiros de John Carpenter

‘Vampiros’ (‘Vampires’, John Carpenter, 1997) fue la película más exitosa del maestro en la década de los 90. Siempre me ha parecido increíble la forma de ningunear al director de películas como ‘La cosa‘ (‘The Thing’, 1982) o ‘Starman’ (id, 1984), hasta el punto de que hoy casi parece un desconocido. John Carpenter es, junto a Clint Eastwood, el único director que aúna clasicismo y modernidad, creando un estilo único perfectamente reconocible, y su rechazo, por así llamarlo, por parte de la industria y público es una tema que daría para hablar largo y tendido. En cualquier caso ‘Vampiros’ estuvo a punto de ser una película muy diferente a cómo la conocemos. A punto estuvo de ser dirigida por Russell Mulcahy, con Dolph Lundgren encabezando el reparto. Seguro que incluso los detractores del film estarán de acuerdo en que con el cambio hemos salido ganando todos.

Con Carpenter ya al frente del proyecto, aquel intentó lo que siempre hizo en muchos de sus films pasados, que Eastwood, del que se confiesa un sentido admirador, interpretase la película dando vida a Jack Crow, el cazavampiros. Si antaño, al final era Kurt Russell quien cogía el testigo, esta vez le tocó a un muy inspirado James Woods, que curiosamente protagonizó uno de sus siguientes papeles a las órdenes del director de ‘Escalofrío en la noche’ (‘Play Misty for Me’, 1971), su verborreico personaje en ‘Ejecución inminente’ (‘True Crime’, 1999), mientras que Eastwood rendía posteriormente un homenaje al presente film en su laureada ‘Mystic River’ (id, 2003). No voy a negar que imaginar a Eastwood en el papel de Woods hace que se me caiga la baba durante horas, pero eso es sólo anecdótico; estamos ante una de las revisiones del mito vampírico más originales y llenas de fuerza de todas cuantas se han realizado.

Sin en nuestro anterior capítulo hablábamos de cómo Francis Ford Coppola había tomado la inmortal novela de Bram Stoker para hacerla completamente suya, reinterpretando el universo de los vampiros a partir de la figura del más famoso de todos los tiempos, John Carpenter le da la vuelta a la tortilla, estableciendo nexos de unión entre los vampiros y el western, género de sobra conocido por el director, y al que ha rendido pleitesía en numerosas ocasiones en muchas de sus películas. Es más, lo único que convenció a Carpenter de hacerse cargo de la realización de ‘Vampiros’ es precisamente la posibilidad de realizar un western de horror. El resultado es un vibrante relato lleno de horror, humor y hasta amor que nos devuelve al mejor Carpenter, cargado de ironía, mala leche y en plena forma narrativa.

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