Para que unos pocos sean inmortales, muchos deben morir.
En el nuevo futuro imaginado por Andrew Niccol (‘Gattaca’), la humanidad ha logrado alcanzar la juventud eterna. A finales del siglo XXI (sin duda es un tipo optimista) nadie envejece más allá de los 25 años. En principio, por tanto, nadie tendría que morir salvo que sea víctima de un accidente o un crimen. Podría darse un serio problema con la superpoblación, pero en este mundo distópico el tiempo de vida se ha convertido en el nuevo dinero. Al cumplir los 25, toda persona tiene un año extra de vida, el resto del tiempo hay que ganárselo. Pero como ha ocurrido siempre, el reparto de la riqueza es tremendamente desigual, unos pocos tienen muchísimo y la mayoría tiene muy poco; los privilegiados son prácticamente inmortales mientras que la mayoría sufre para sobrevivir un día más. Así se mantiene el sistema. Hasta que el héroe de turno, íntegro e infalible, se cansa y decide reventarlo.
Como en los trabajos previos de Niccol (director también de ‘S1m0ne’ y ‘El señor de la guerra’), el punto de partida de ‘In Time’ es muy interesante, puede dar mucho juego, especialmente sacando partido de la comparación con la crisis económica. Pero otra vez, el cineasta se muestra torpe manejando las ideas expuestas al principio, es incapaz de desarrollar la potente premisa, recurriendo a la reiteración y el subrayado. ¡La situación es muy injusta, nadie debería morir en la pobreza cuando otros nadan en la abundancia! ¡Y hay que vivir cada día como si fuera el último! Ya, estupendo, ¿y qué más? Pues nada, relleno con exageradas escenas de acción, simplones personajes, gente guapa (los feos parece que han sido eliminados del sistema) y el típico romance de anuncio de colonia. El resultado es un producto deshonesto, absurdo y aburrido cuyo único propósito es robar tiempo al público. O sea, dinero.
Editores 2
Comunidad 6