Somos lo que hay

En la extensa (26 títulos) sección oficial de competición de Sitges 2010 podían encontrarse hasta siete producciones americanas. De éstas, cuatro llevaban el sello de Estados Unidos, las otras tres venían de Argentina, México y Uruguay. Debido a la caótica programación (no debe ser fácil encajar 150 películas en 10 días), no pude ver la película argentina (‘Fase 7’) y estuve a punto de perderme la mexicana, pero por fortuna los acreditados como prensa tenemos disponible (más o menos) una sala de visionado a la que podemos acudir para recuperar algún film que se nos haya pasado. Sólo fui una vez, y no tuve que esperar demasiado, pero a ver si para otras ediciones arreglan la sala, convertida en poco menos que un salón para los “periodistas” más vagos y menos interesados por el cine.

‘Somos lo que hay’, drama social y canibalismo “Te sorprenderías si supieras cuánta gente se come a otra gente en esta ciudad…”

Ése es posiblemente el diálogo más potente y más significativo de ‘Somos lo que hay’ (2010), el primer largometraje de Jorge Michel Grau. Un relato descarnado, realista y violento, con el que Grau nos retrata un México oscuro y sórdido, la miserable existencia de gente, criminales, vagabundos, putas y niños abandonados, que viven en unas sucias calle sin ley ni esperanza. Un film al que le cuesta arrancar, pero que cuando lo hace no da respiro, se convierte en un intenso drama sobre una familia de antropófagos al borde de la extinción.

‘Somos lo que hay’ comienza con un hombre de aspecto descuidado, enfermo, con ropas viejas, caminando tambaleante por un pulcro centro comercial a plena luz del día. Vomita sangre, se derrumba y muere. Acto seguido, unos guardias retiran el cuerpo y una empleada limpia el suelo. En unos instantes, ahí no ha pasado nada. La vida sigue sin más, la gente sigue comprando, sigue riendo mientras habla por teléfono, nadie lo siente. Una hormiga menos.

¡Vótalo!

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