Infierno de cobardes

‘Infierno de cobardes’ supone el primer western que Clint Eastwood dirigió en su carrera. Resulta sorprendente, que estando su nombre relacionado al género por motivos más que obvios, el actor sólo dirigiese cuatro westerns a los largo de su obra. Ya sé que Eastwood es incombustible y no para de trabajar (para alegría de muchos de nosotros), pero tal y cómo ha enfocado su trayectoria, dudo mucho que le dé por volver a filmar otro western. Se puede soñar con ello, pero reconozcamos que con ‘Sin perdón’ culminó todo lo que podía ofrecerle al género.

Curiosamente, tras ganar Oscars por el film mencionado, la fama y el prestigio de Clint Eastwood subieron como la espuma entre todos aquellos que no le consideraban un director a tener en cuenta. Desde entonces, productos suyos, anteriores o posteriores fueron elevados a los altares en un exceso de reivindicación de su obra. ‘Infierno de cobardes’ fue una de las películas más aplaudidas en esa revisión, algo que me parece a todas luces exagerado. La película supone un riesgo, y evidentemente no es el típico western, pero también está llena de defectos, aunque reconozco que el paso del tiempo le hace ganar puntos en lugar de envejecerla.

‘Infierno de cobardes’, cuyo título original es ‘High Plains Drifter’ (por una vez, el título en España me parece más apropiado) narra la historia de un misterioso pistolero, de turbio pasado, que llega a un pequeño pueblo en el que enseguida deja claro que es el mejor manejando un revólver. Los habitantes del lugar le piden ayuda para protegerlos de tres delincuentes que pronto saldrán de la cárcel y volverán al pueblo para seguir haciendo de las suyas. El pistolero acepta con la condición de que hagan todo lo que él dice. Enseguida se adueña del lugar y poco a poco nos vamos enterando de sus verdaderos intereses.

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