Llegamos al que para un servidor es el punto más alto en la filmografía de Sam Peckinpah. Cuando se trata de debatir cuál puede ser la mejor película de Peckinpah, y la cosa siempre está entre ‘Grupo salvaje’ (‘The Wild Bunch’, 1969) y ‘Pat Garrett y Billy the Kid’ (‘Pat Garrett & Billy The Kid’, 1973). El film protagonizado por William Holden es una cumbre del género western, de eso no hay duda, una película gracias a la cual el género se revalorizó y se abrió a nuevos caminos cuando éste ya parecía muerto. Una obra maestra cuya influencia en el cine posterior aún continúa dándose en la actualidad, pero la película que hoy nos ocupa es la representación máxima de todas las inquietudes de Peckinpah, yendo si cabe, un paso más allá.
Una obra de una melancolía casi asfixiante en la que no hay ni buenos ni malos, sólo el paso del tiempo haciendo mella sobre unos personajes que intentan adaptarse a los nuevos tiempos, aunque para ello tengan que traicionar a sus amigos de toda la vida. Peckinpah se permite además introducirse brevemente en la historia de los USA con la reconstrucción de un mito como Billy el Niño enfrentado por principios al poder establecido en una época en la que el viejo Oeste estaba muriendo.
Peckinpah, el problemático
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