Que Pixar está reeditando los éxitos que a principios de los 40 tuvo Walt Disney en el cine de animación, lo saben hasta en el MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York). Tal es así, que para recordar la famosa exposición que le dedicaron a Walt Disney en 1942, ‘Bambi: como se hace una película animada sonora’, se ha vuelto a arriesgar y organiza una retrospectiva dedicada al estudio de animación, y que lleva por título, ‘Pixar: veinte años de animación’.
Lo curioso es que la exposición no consiste en unos cuantos ordenadores donde se ven películas o los efectos de animación. Todo lo contrario. En la muestra se reúnen más de 500 dibujos y esculturas de unos 80 artistas que ilustran todo el proceso artístico previo a la generación de las imágenes digitales. Y es que la idea de la exposición era mostrar al completo ese proceso artístico que va antes de la realización de las imágenes.
En palabras de John Lasseter:
Siempre soñé con mostrar aquí el trabajo que normalmente nadie ve, el trabajo que nosotros hacemos antes de empezar con las máquinas. Son miles de dibujos, desde los más básicos a los más elaborados. Las imágenes no llegan solas al ordenador. Detrás hay mucho trabajo que pertenece a lo que se llamaría animación tradicional, y espero que, con esta selección, el público pueda entender un poco mejor cómo hacemos nuestras películas.
Así, la parte que más destaca son los guiones de color o dibujos que recogen los escenarios, el color y la luz que va a tener la película. Es decir, sería la preproducción de una película, pero dibujado sobre un papel. También en la exposición se pondrá ver dibujos en carboncillo, o a lápiz o a pastel, destacando sobre todo una serie de dibujos con los esbozos en tres trazos de lo que luego sería Edna, el personaje más famoso de ‘Los increíbles’, y otro con la fase de creación de Sully, ‘Monstruos SA’, desde su feo concepto inicial hasta lo que luego se plasmó finalmente en pantalla.
En esta amplia retrospectiva que durará hasta el 6 de febrero, para a continuación viajar al Museo de las Ciencias de Londres, se podrá ver además de todas las películas y cortometrajes de la factoría Pixar, su último estreno, el corto ‘One Man band’.
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Mi (relativamente reciente) paternidad, a la vez que me alejaba (no sin cierto dolor) de la frecuentación habitual de las salas de cine (a la que me dedicara antaño con tanta intensidad como deleite), me permitía descubrir un mundo maravilloso y, hasta este momento, ignorado para mí, como es el de las películas de Píxar: un derroche de talento, creatividad, imaginación y fantasía a cargo de una compañía que ha sabido manufacturar no excelentes películas de animación (que también, dado su impresionante nivel de calidad desde un punto de vista técnico), sino excelentes películas, así, sin apellidos: un buen puñado de películas que, sin ningún género de dudas, pueden figurar entre las mejores que han llegado a las pantallas comerciales en las últimas decadas.
Afortunadamente, esta exposición del MOMA, por la cual no cabe más que congratularse enormente (aun lamentando la imposibilidad material de poder disfrutar de ella presencialmente), hace justicia a un hito artístico con mayúsculas; y digo “afortunadamente” porque es bien sabido cómo, ante fenómenos similares, se suele hacer difícil emprender actos de reconocimiento si el paso del tiempo no permite a una caterva de sesudos críticos y analistas convalidar, sin merma de su crédito “estupendista”, la procedencia academicista de los mismos. Bienvenida, pues, esta iniciativa, y ojalá sirva de ejemplo para tantas y tantas instituciones con evidentes problemas para asimilar una concepción viva y dinámica de lo que debemos entender por Arte, así, con mayúsculas...