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A falta de dos semanas para la entrega de los Oscars, las apuestas en la categoría de mejor actor principal se dividen entre un magnífico George Clooney —dicen que el favorito para hacerse con una segunda estatuilla— y Jean Dujardin —quien creo que finalmente lo conseguirá, por su excelente composición, y una campaña de promoción que quita el hipo—. En un segundo plano quedarían Brad Pitt —lo acabará consiguiendo algún día, sin duda— y Gary Oldman —su primera nominación se ha hecho esperar más de lo normal—; y en un tercero Demian Bichir, un privilegiado por estar al lado de los citados. Y para un servidor, el claro merecedor del premio, por encima de todos, pues el actor es el principal soporte de una película como ‘A Better Life’ (Chris Weitz, 2011). Un film totalmente alejado en temática y forma de los anteriores trabajos de su director.

Chris Weitz obtuvo un enorme éxito al dirigir con su hermano Paul ‘American Pie’, para luego saborear las mieles del fracaso con ‘Down to Earth’ (id, 2001), bochornoso remake de ‘El cielo puede esperar’ (‘Heaven Can Wait’, Warren Beatty & Buck Henry, 1978), que ya era un remake de ‘El difunto protesta’ (‘Here Comes Mr. Jordan’, Alexandre Hall, 1941) —evidentemente la mejor versión de todas—. Luego sorprendieron a propios y extraños con ‘Un niño grande’ (‘About a Boy’, 2002), deliciosa comedia que diez años después sigue sin perder un ápice. La alegría duraría unos cinco años, al cabo de los cuales Weitz regresó en solitario con dos bodrios de proporciones cósmicas; por un lado ‘La brújula dorada’ (‘The Golden Compass’, 2007), que aún no entiendo cómo ganó el Oscar a los efectos visuales, y al par de años con ‘La saga Crepúsculo: Luna nueva’ (‘The Twilight Saga: New Moon’, 2009). ‘A Better Life’ es toda una sorpresa, como lo fue el film con Hugh Grant, en su filmografía.

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La historia de la película es la historia de Carlos Galindo, un inmigrante ilegal, mexicano, que trabaja en Los Ángeles ocupándose de la jardinería en las amplias mansiones de algunos de los ricos del lugar. Vive con su hijo Luis, quien pasa el tiempo metiéndose en algún que otro problema escolar mientras está a punto de entrar en una banda. Carlos sólo quiere lo mejor para su hijo y su futuro tal vez se encuentre en comprarle la furgoneta de trabajo a su patrón para sí tener un negocio propio. Estados Unidos es la tierra de las oportunidades, pero a veces, muchas, esas oportunidades son tan efímeras como la vida misma. ‘A Better Life’ toca muchos temas, pero donde se centra realmente es en la relación de un padre con su hijo. Por momentos demasiado bienintencionada, y en otros profundamente dolorosa.

Weitz demuestra la buena mano que tuvo con ‘Un niño grande’, controlando aquí un cierto ritmo pausado, aunque en la película no dejan de pasar cosas, y siempre con la mirada puesta en su actor principal, Demian Bichir, un diamante en bruto cuya interpretación deja sin aliento, remueve las entrañas y conmueve hasta lo más hondo. Tal vez a Weitz le falte algo para tener un estilo propio —su más que irregular filmografía demuestra poca claridad de ideas—, algo de más de fuerza narrativa o empaque, pero al menos demuestra inteligencia sabiendo que tiene entre manos a un actor que lo da absolutamente todo. La estrella absoluta es Bichir, y Weitz lo mima con su cámara, no le deja ni un respiro, sabiendo que de un momento a otro el actor robará literalmente el corazón del espectador, cosa que por cierto sucede a los pocos minutos del inicio.

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Bastan unos momentos para ver en el rostro del actor, no a un actor sino a un hombre dolorido por el paso del tiempo, por la falta de oportunidades que nunca terminan de llegar. Un rostro cansado, y al mismo tiempo con un vestigio de esperanza, con la única ilusión de dar a su hijo lo que él nunca tuvo, una educación en un buen colegio, una buena vida, una mejor que la que conocen, una existencia en todo caso digna, sin tener que mirar hacia otro lado cuando aparece la policía, o sin tener que agacharse ante una injusticia. Podemos ver en su cara, el dolor del abandono y la enorme desilusión que produce el ser un fracasado a los 40 años en un país que no es el suyo, pero luchando incansablemente por encontrar un lugar en el mundo, siendo uno de esos hombres que Bertolt Bretch llamaría imprescindibles.

A su lado José Julián, en el papel del hijo adolescente, demuestra una más que perfecta compenetración con Bichir, logrando el milagro. Puede que ‘A Better Life’ pase muy por encima de temas que pone sobre la mesa —la mala educación, las malas compañías, el sistema judicial, etc— pero contiene el suficiente interés gracias a la relación paterno-filial. Aún con todo, muestra la realidad, esa que nos negamos a ver, sin maniqueísmos ni florituras de ningún tipo —el gran logro de Weitz—, y nos agita por dentro al comprobar como los buenos hombres son tratados injustamente, simple y llanamente por tener buen corazón —atención a cómo el hijo le recrimina ser una buena persona en un mundo tan vil—, y cómo nos deberíamos asquear al comprobar que para sobrevivir a veces hay que violar la ley, esa que nada tiene que ver con la justicia.

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