Conversaciones con Wilder, es una muy recomendable lectura para la playa. Se trata de un libro escrito por Cameron Crowe, y donde Wilder se detiene y disecciona sus grandes obras maestras (no hay dedos en las manos para contarlas). Como siempre, Wilder está genial en sus puntos de vista y en su manera de entender el cine. ¿El secreto de su magia? Haber mamado el cine desde sus inicios en los grandes estudios de la época dorada de Hollywood, tener como maestro a Ernst Lubistch, y decir basta cuando se cansaba de que sus guiones, auténticas obras de arte, fueran destrozados por torpes directores. Tenía una máxima:
“No hago cine. Hago películas.”
Y es que mi querido Wilder, era de armas tomar. Pero, una cosa debe quedar clara: es Dios.
Y de ese punto de vista, estoy totalmente de acuerdo con esta reflexión en Garaje Kubrik:
“Los grandes españoles de los 60 – 70 hacían películas. Los Berlanga, los Saura, los Camus primero pensaban la película y luego la facturaban con su impronta. De hay la coherencia de su trabajo. Buscaban un contenido y luego la forma con mayor éxito.”
Lo pueden llamar cine de autor o como sea, pero lo cierto es que las películas de Berlanga, sobre todo El Verdugo y Plácido, son para que las descubran las nuevas generaciones y comprueben que en España se ha hecho grandísimo cine… y sí en blanco y negro (el color del cine).
Vía | Garaje Kubrik

Hombre, decir que el blanco y negro es el color del cine me parece exagerado, sería como decir que el silencio es el sonido del cine. Pero con lo de El Verdugo y Plácido, totalmente de acuerdo. Por cierto, antes de ayer llegué a casa tarde, puse la tele un momento, por eso de ver unos segundos qué había, y me topé con Plácido en Localia. Aunque la había visto en DVD hace sólo unos meses, no pude acostarme, me quedé enganchado a la pantalla. Yo, entre pobre de la calle o anciano del asilo, me quedo con... no sé.