Lo que yo daría por escribir un guión como el que escribió hace ya muchos años Jim Harrison, un novelista y poeta de raza, y que se titulo ‘Wolf’ en Estados Unidos y ‘Lobo’ en España (en uno de esos raros casos en que los distribuidores respetan el título original. Harrison es un autor de historias muy masculinas y muy potentes, que además siempre está en contacto con la naturaleza a través de sus historias, y que con su poesía y su trabajo literario en general ha sido reconocido con el debido prestigio.
En los créditos de la película comparte autoría con Wesley Strick, escritor mucho más flojo que él (basta ver su trayectoria), y que en realidad sólo fue responsable de algunos retoques, pues Harrison escribió el guión en solitario, fundamentalmente. Mucho más grave fue que el proyecto cayera en manos del anodino Mike Nichols, que en ningún momento estuvo a la altura del libreto que tenía entre manos. A veces no basta con un guión maravilloso para que todo llegue a buen puerto, lo que echa por tierra esa teoría de los puristas de que la clave de una buena película es guión, guión y guión.
Cuenta, Harrison, que mientras escribía el guión sentía que el pelo le crecía por lugares insospechados, y que los sentidos se le agudizaban. No es para menos. Su trabajo posee el ingenio y el talento de los maestros del cine fantástico, y es plausible que, metiéndose de cabeza en esta historia tan fascinante, comenzara a auto sugestionarse y a sentir que lo que escribía era posible y probable. Desde luego, mientras se ve la película, si uno se olvida un poco de cómo está formalizada por Nichols, se tiene la sensación de que el autor del guión ha logrado esa rara alquimia consistente en suspender toda incredulidad y hacerte creer que cualquier cosa puede ocurrir.
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