A todos nos gusta Ed Harris. Es una especie de pandemia, mucho más extendida que otras, y cien mil veces más placentera. Consiste en tragarnos absolutamente todo lo que haga este hombre, oriundo de Nueva Jersey y nacido hace casi cincuenta y nueve años, aunque en verdad ha hecho casi cualquier cosa. Ahora bien, tiene la manía de mejorar muchos productos que, sin él, serían carne de videoclub, y no precisamente de la salvable.
Sin duda, es en la actualidad uno de los actores más prestigiosos de su país, y aunque ha participado en pocas películas realmente redondas (como la mayoría de los actores realmente buenos de su país), sus buenos trabajos son numerosos, y ahora vamos a hablar de la mayoría de ellos. Hombre de profundas ideas de izquierdas, sus ojos azul claro sirven tanto para mostrar compasión como crueldad. Pero sobre todo es la elegancia personificada.
Una cabeza despejada de pelo (casi desde que le conocemos, si exceptuamos alguna escasa película en la que le pusieron un peluquín) anuncia un rostro que se ha ido volviendo cada vez más pétreo. Dos ojillos pequeños, inteligentes y penetrantes, cejas pobladas, una nariz que a pesar de su anchura guarda una armonía sorprendente con el rostro, y una boca que siempre parece apretada. Ese es el rostro de nuestro actor, a lo que hay que sumar una voz bellamente atenorada, suave y viril. Sí, Harris tiene estilo.