De vez en cuando, en una de esas reuniones cinéfilas en las que varias personas apasionadas y a menudo prepotentes (yo el que más, muchas veces) hablan sin complejos del cine que más llena sus vidas, y también del cine que más detestan, con todo tipo de argumentos y barbaridades verbales, surge un tema que a mí, en lo personal, suele dejarme estupefacto, pues siempre encuentro a más de uno (y más de dos) capaces de defender lo indefendible: que el cine español es tan bueno como el estadounidense.
Carlos Heredero, uno de los pocos críticos a los que leo que no tiene complejos para abrir debates teóricos sobre cine (lo que a otros “críticos” les produce risa, quizá porque no tienen la capacidad para ello), lo llama la ‘técnica del avestruz’. Consiste en no ver lo que hay, en inventarse una realidad paralela. Y que conste que siempre dejo que intenten desarrollar sus argumentos, a ver si alguno de ellos dice alguna verdad. Pero de momento (¡qué curioso!) nunca lo han conseguido.
Argumentos apasionantes