El pasado viernes 21 de agosto se estrenó en nuestras salas la nueva comedia protagonizada por el famoso Will Ferrell, ‘El mundo de los perdidos’. Se trata de la adaptación cinematográfica de una popular serie creada por Sid y Marty Krofft en los años setenta; para trasladarla a la gran pantalla se contó también con un gran presupuesto, estimado en 100 millones de dólares, más que suficientes para costear todas las secuencias fantásticas que se habían ideado para la película, en teoría, un divertido festín de efectos especiales para todos los públicos.
En la práctica, nada que ver, es un producto totalmente fallido, muy aburrido, y, como apuntaba mi compañera Beatriz en su crítica, destinado a ningún público, porque para los adultos es demasiado infantil, pero tampoco parece apropiada para los más pequeños, tanto por el tratamiento (queriendo homenajear a la serie) como por las bromas. Así las cosas, no es de extrañar que la producción haya recaudado 40 millones menos de lo que costó, pasando sin pena ni gloria por, entre otros, nuestro país.
Esto supone el primer varapalo serio para Will Ferrell, hasta hace poco una garantía de número uno en taquilla, uno de los actores cómicos más rentables de la industria norteamericana. Pero Ferrell se ha ido estancando, desde ‘Patinazo a la gloria’ (‘Blades of Glory’) ha ido perdiendo frescura; se ha acomodado haciendo más de lo mismo, y el público poco a poco se ha ido cansando de sus recursos para hacer reír. El actor ha explotado su estilo en tantas películas seguidas (ése es otro problema, debería seleccionar mejor dónde se mete) que ha agotado pronto su repertorio, y lo peor es que parece no darse cuenta; o quizá es que no puede salir de esta situación.
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