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El Palais des Festivals con el cartel de la 65 edición de Cannes

Con el anuncio del palmarés, el pasado domingo, quedó clausurado el Festival de Cannes 2012, pero la experiencia todavía corre por mis venas. Fueron diez días de cine, emoción, estrés, sorpresas y decepciones. Intensas jornadas en las que uno es transportado a otra realidad, una en la que todo gira en torno a la visita de actores famosos, dioses del pueblo, a la obligación de ver y hablar sobre determinadas películas, donde se duerme poco, el café es tu mayor aliado y la conexión a Internet puede ser tu mayor pesadilla, con la prensa ocupada en la contradictoria labor de promocionar y minusvalorar el certamen, mientras el cine queda en segundo plano. Cuesta entrar en ese mundo, y cuesta salir, volver a la normalidad. En este artículo os cuento cómo fue el día a día en el festival de Cannes y repaso las mejores y las peores películas que pude ver allí.

La vida en el Palacio

Bolso oficial de CannesLa 65ª edición del festival arrancó la mañana del 16 de mayo con la presentación de ‘Moonrise Kingdom’. El día antes había acudido ya a recoger mi acreditación (y mi bolso oficial súper-moderno, ojo a la imagen), me encontraba sumamente ilusionado por los prometedores títulos de competición y en mi mente perfeccionaba el plan para proporcionar a los lectores de Blogdecine la mejor cobertura posible del certamen más prestigioso del planeta. Era mi segunda vez en Cannes y creía que lo tenía todo bajo control (uno es así de confiado, no consideré imprevistos como que mi portátil se bloqueara durante tres días). El corazón del evento es el Palais des Festivals, un edificio de cinco plantas situado en la avenida de la Croisette. Es ese complejo decorado con el cartel de Marilyn Monroe que aparece en las fotos. Allí ocurre casi todo, se celebran los photocalls, las ruedas de prensa y los pases de las películas más relevantes (todas las de la sección oficial y “Un certain regard”). Se convierte en tu hogar, al final, donde pasas la mayor parte de la jornada. De hecho, la gente aprovecha para dormir allí, incluso en el suelo. Donde, por cierto, teníamos que escribir ante la falta de asientos.

Hay en el Palais una sala con ordenadores, otra con servicio WiFi (que tardó varios días en funcionar, para desesperación de muchos como yo) y al menos tres sitios donde te sirven café (sin leche) y agua gratis. En la zona destinada al mercado del cine (“Marché du film”) hay una pequeña cafetería donde se puede comer, y claro, no es barato. Casi ningún sitio en Cannes lo es, y ese en concreto es de los que cobra 6 euros por un sándwich; cuando tienes prisa hay que pasar por el aro. Fuera, en los alrededores, hay restaurantes y puestos callejeros que han duplicado o triplicado los precios de la carta, y un McDonald´s que por supuesto está siempre a reventar. Imaginad mi alegría cuando logré una invitación para un almuerzo organizado por el alcalde. Aunque no deja de ser un pueblo con playa, el festival ha convertido Cannes en un importante destino turístico y no escasean las tiendas. Ni los yates. En cuanto empieza a atardecer, las calles se llenan de gente trajeada y aspirantes a supermodelos. No solo por las numerosas fiestas, se exige etiqueta en las sesiones del Teatro Lumiére, donde está la alfombra roja por la que se pasean las celebridades.

Haciendo cola bajo la lluvia

La Lumiére es la sala más espaciosa, con más de mil butacas. La Debussy es similar y luego hay otros tres cines en el Palais mucho más pequeños, de 300-400 asientos, donde normalmente programan segundos o terceros pases de películas relevantes. A diferencia de otros festivales, en Cannes no se venden entradas al público, pero según parece, había más de cuatro mil acreditados , así que imaginad los problemas. No hay butacas para todos. Hay tensión en pases importantes. En algunas caras puedes leer “si te tengo que matar para entrar, lo haré, y después escupiré sobre tu cadáver”. No era fácil conseguir una silla en las salas de trabajo y en las ruedas de prensa prácticamente no puedes entrar si no eres de un medio muy importante. Ya os comenté que hay varios tipos de acreditaciones. La mía era azul, podría decirse que la “clase media”. Encima están los privilegiados, los que tienen prioridad para entrar, y abajo los que deben esperar al menos una hora para ver si quedan butacas libres. Yo siempre llegaba en torno a 45 minutos antes de cada pase y solo una vez me quedé fuera, debiendo hacer cola para la siguiente sesión. Se pierde mucho tiempo esperando.

Otra cuestión es el visionado, que a veces no tiene lugar en las mejores circunstancias. Hay zonas en los cines Lumiére y Debussy donde no se ve toda la pantalla, pero el mayor problema son los subtítulos (en inglés y francés, a menos que la película esté habladas en uno de esos idiomas), si no tienes un buen ángulo de visión, no los puedes leer. Igualmente pasa lo típico de ir al cine, uno está sentado junto a gente que por la razón que sea, hacen ruido y desconcentran. Sí, en los festivales también suenan móviles en mitad de una proyección. Varias veces. Sumad a eso largos bostezos, constantes estornudos, murmullos, ronquidos, algunos que se levantan y pasan torpemente delante de ti… El resultado es que a veces no te enteras de los diálogos, sobre todo en escenas donde los actores susurran. Resulta molesto, y esa sensación también te saca del film. Lo peor es que conforme avanza el festival se va acumulando el cansancio y cada vez hay más ruido. Salía de algunos pases preguntándome qué narices iban a decir todos los que habían abandonado la sala antes de tiempo, los que se habían quedado dormidos y los que miraban el móvil a cada momento. Normal que luego se simplifique tanto.

En una de las salas de prensa

Las películas

Tuve la impresión de que los directores estaban más apasionados por su estilo que por sus personajes.

(Nanni Moretti)

Vi 24 largometrajes durante el festival. 21 de la sección de competición (eran 22 en total, me faltó ‘Paradies: Liebe’) y 3 de “Un certain regard”. Habría visto muchos más, si te informas sobre el programa de cada día no te quieres perder nada, pero se corre el riesgo de quedar fuera en pases importantes y sobre todo creo que hay que evitar el agotamiento, prestar verdadera atención al cine y no simplemente acomodarse y dejar que pasen imágenes por las retinas, incapaz de procesar lo que se está viendo. Es normal oír a gente que ya no recuerda lo que ha visto por la mañana, que se aburre por puro cansancio o que ronca a tu lado pero luego asegura haber visto una obra maestra. No exagero. Realmente depende de cada uno, por supuesto, pero mi consejo es descansar y concentrarse en ver dos o tres películas al día. Y disfrutarlas, que muchas de ellas tardarán meses en llegar a los cines, si es que lo hacen…

A continuación os dejo las mejores películas que vi en Cannes:

  • ‘Amour’, de Michael Haneke. Merecedora de la Palma de Oro, fue la película más redonda. Cruda y emocionante, con formidables interpretaciones.
  • ‘Jagten’, de Thomas Vinterberg. Un ejemplar thriller psicológico. Mads Mikkelsen logró con justicia el premio al mejor actor.
  • ‘Like Someone in Love’, de Abbas Kiarostami. Un relato aparentemente sencillo que cautiva por la naturalidad de los personajes y la puesta en escena. Mágica.
  • ‘Killing Them Softly’, de Andrew Dominik. Una furiosa respuesta a los frutos del capitalismo desbordado. Poderosa y amarga.
  • ‘Holy Motors’, de Leos Carax. Un cóctel de sueños, miedos, emociones, reflexiones, risas y desahogos. Tan descompensada como brillante.
  • ‘Cosmopolis’, de David Cronenberg. Exigente y arriesgado trabajo que analiza al ser humano del siglo XXI. Cuesta saborearla en el momento pero deja huella, se queda en la cabeza y mejora en el recuerdo.

Cronenberg aplaude tras la proyección de Antiviral

De las demás que vi, recomiendo que os quedéis con los siguientes títulos:

  • ‘De rouille et d’os’, de Jacques Audiard. Elegante realización y dos actores en estado de gracia. No llega a explotar, pero emociona.
  • ‘Reality’, de Matteo Garrone. Valiente e irregular tragicomedia que pone en evidencia el absurdo ideal de las “celebrities”. Muy apropiada para Cannes. Consiguió el gran premio del jurado (presidido por Moretti).
  • ‘Mud’, de Jeff Nichols. Si ‘Cosmopolis’ se expande tras su visionado, a esta le ocurre lo contrario. Aun así, un film honesto y cargado de emoción, con un estupendo reparto.
  • ‘In the Fog’, de Sergei Loznitsa. Tiene la atmósfera de un relato post-apocalíptico y la profundidad del mejor cine europeo. Le sobran minutos.
  • ‘Elefante blanco’, de Pablo Trapero. Para disfrutar de la puesta en escena. Un guion poco inspirado lastra un film con grandes momentos y un impecable Ricardo Darín. Merecía estar en la sección oficial.

Y las siguientes fueron las que menos me entusiasmaron, si bien me alegro de haber visto casi todas:

  • ‘Dupã dealuri’, de Cristian Mungiu. Una de las más difíciles del certamen, a ratos apasionante, a ratos insufrible. El jurado premió el guion y las dos protagonistas recibieron el galardón a la mejor interpretación femenina. Lo segundo es razonable, lo primero me parece un disparate.
  • ‘Lawless’, de John Hillcoat. Los carismáticos secundarios y los chispazos de violencia mantienen el interés en una historia convencional (sobre todo para Cannes). Jessica Chastain nos alegró el día.
  • ‘Baad El Mawkeaa’, de Yousry Nasrallah. La más torpe candidata a la Palma de Oro. Demasiado encorsetada a su discurso. Aun así, tiene imágenes y momentos meritorios.
  • ‘Vous n’avez encore rien vu’, de Alain Resnais. Modesta y encantadora representación cercana al teatro donde destaca la entrega de los actores hablando de amor, uno de los temas centrales de esta edición. El otro sería la crítica a un estilo de vida enfocado a la fama y la riqueza.
  • ‘Mystery’, de Lou Ye. Encargada de inaugurar la sección “Una cierta mirada”, fue uno de los primeros chascos de esta 65ª edición. Muy corriente mezcla de melodrama y thriller policial.
  • ‘The Taste of Money’, de Im Sang-soo. Otro relato carente de imaginación y riesgo, que salva la elegante cámara de Im y el trabajo de los intérpretes. Similar a ‘The Housemaid’, con más humor y menos drama.
  • ‘The Angels´ Share’, de Ken Loach. La versión más ligera y optimista del cineasta británico, que aun así no puede evitar reflejar la triste realidad del paro juvenil. Sorprendentemente se llevó el segundo premio del jurado.
  • ‘On the Road’, de Walter Salles. El clásico ejemplo de película encadenada al libro en el que se basa, limitándose poco menos que a ilustrarlo. Bonitas postales y poca vida. Kristen Stewart regala un desnudo a sus millones de fans.
  • ‘The Paperboy’, de Lee Daniels. Pura provocación. Sexo y violencia en un flojo relato con investigación criminal donde destaca Nicole Kidman. El realizador, sin embargo, se obsesiona con el cuerpo de Zac Efron.
  • ‘In Another Country’, de Hong Sangsoo. El coreano vuelve a plantear sus temas habituales en tres historias protagonizadas por Isabelle Huppert, el alma de un film agradable e ingenioso.
  • ‘Antiviral’, de Brandon Cronenberg. Atractiva ópera prima incluida en la sección “Una cierta mirada”. Destaca el trabajo de Caleb Landry Jones sufriendo una pesadilla que pierde frescura con el paso de los minutos y termina resultando repetitiva.
  • ‘Post Tenebras Lux’, de Carlos Reygadas. El trabajo más pretencioso y hueco de la sección oficial; su fuerte es la iluminación y el retrato de la cotidianidad. De los que basan todo en la improvisación y la naturaleza. Injusta ganadora en la categoría de mejor dirección, gracias al fuerte apoyo de Andrea Arnold y Raoul Peck.

Moretti y el jurado en el almuerzo para periodistas

Si hago balance, encuentro 12 películas estimulantes y otras 6 donde las virtudes compensan sobradamente las torpezas, por lo que la conclusión sería que fue un buen festival. Sin embargo no es la sensación que tuve allí y no es la que conservo ahora mismo. Esperaba más. Quizá demasiado. Y puede que parte de mi decepción se deba a que la anterior edición fue especialmente afortunada, pero este año se le prestó demasiada atención a estrellas y películas norteamericanas (uno de los títulos protagonistas fue ‘Madagascar 3’…), y hubo trabajos en competición que no merecían tal honor, quizá porque los organizadores no tuvieron mucho donde elegir al quedarse sin platos fuertes como lo nuevo de Terrence Malick, Quentin Tarantino, Paul Thomas Anderson, Nicolas Winding Refn o Wong Kar-wai (nos mostraron avances de ‘Only God Forgives’ y ‘The Grandmasters’). Ya se empieza a hablar de Cannes 2013, citando grandes nombres. Pero lo siguiente es Venecia y creo que será un certamen superior a este. Quizá el año que viene pruebe suerte allí.

PD: Gracias a todos los que habéis seguido mis crónicas en Blogdecine y mis mensajes en twitter, en especial a los que habéis participado con comentarios. Habéis hecho que el trabajo merezca la pena.

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