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Para empezar, al grano: Crash me pareció una película horrible. Y, sin embargo, ingeniosamente escrita para ocultarlo. Segundo: esta reseña, que no crítica, estará plagada de spoilers. Si no ha visto Crash, no siga leyendo.

No me cabe la menor duda de que la premisa del filme de Paul Haggis es, al menos, provocativa: ¿Debemos ser tolerantes antes las posiciones racistas de nuestros semejantes? En mi caso particular, la respuesta es no. Claro que no. No puedo ser tolerante con alguien que, como latino, me juzga por mi aspecto y me acusa de ladrón injustamente. Si fuera negro, no podría ser tolerante con alguien capaz de colgarme de un árbol por mi color de piel. ¿Podría un judío ser tolerante con un neonazi, a sabiendas de lo que se expone?

Está bien, aceptemos que un policía racista puede levantarse a mitad de la noche para ayudar a su padre enfermo. Pero ¿no es esto, precisamente, lo que hace del racismo algo aterrador?

Al margen de la discusión ideológica, me parece que Haggis falla en el terreno dramático, puesto que por un lado reduce la vida a uno solo de sus aspectos —el componente racial o étnico— y éste, a su vez, lo convierte en panfleto, en un mundo de blancos y negros sin grises intermedios: de un lado, los supremacistas blancos, sinceros en su intolerancia, dispuestos al sacrificio por sus semejantes y de “sólidos” principios morales; del otro lado, los representantes de los grupos étnicos, tan racistas como los primeros, pero hipócritas y cobardes, de elásticos límites morales, corrompidos por el poder, o dispuestos a dejarse corromper.

Dramáticamente, Haggis asume el punto de vista más fácil y que menos conflicto aporta a su historia. Por ejemplo, la escena en la que el personaje interpretado por Thandie Newton sufre el accidente y el policía racista, pervertido y abusador interpretado por Matt Dillon acude en su ayuda. En términos dramáticos, ¿no habría sido más interesante la situación opuesta, con el personaje de Newton en la disyuntiva de ayudar o no a quien casi estuvo a punto de violarla?

Como quiera que Haggis usa su historia para demostrar una tesis, sus personajes son caricaturas con débiles motivaciones, para poder manejarlos a su antojo. De este modo, la xenofóbica y maniática ama de casa encarnada por Sandra Bullock, sufre una caída y, en vez de despedir a su criada latina por usar excesiva pulitura de pisos —cosa que habría sido coherente con el personaje—, termina ¡abrazándola amorosamente!

Claro, allí también interviene el factor de poder de las estrellas:

Hey, se trata de Sandra Bullock, tienes que redimirla al final.

Y así arribamos a uno de los aspectos que más me asombró de este filme: la previsibilidad de la historia. A mitad de la película ya has visto todo y sabes que cada uno de los personajes cambiará radicalmente (y muchas veces sin razón) sus motivaciones, que los honestos se redimirán mientras que los hipócritas serán condenados.

¿Sorprendió a alguien el brusco cambio del personaje de Ryan Phillippe? ¿Acaso era muy difícil adivinar lo que le esperaba al detective interpretado por Don Cheadle? ¿Y qué me dicen de la secuencia de mayor impacto emocional? ¿No era obvio lo que la chica iraní había comprado en la armería?

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, Haggis agota a mitad de metraje su aliento narrativo, con lo que casi todo el segundo acto y el tercer acto en su totalidad, se transforman en un eterno acto final que da la impresión de que no fuera a concluir nunca. ¿Cuántos finales, absolutamente previsibles por demás, tiene esta película?

Crash ha polarizado la opinión de la crítica estadounidense. El crítico más respetado de los EEUU, Roger Ebert, no duda en calificarlo como el filme más importante del año. Para Scout Foundas, en el extremo opuesto, es una abominación. Ambos han protagonizado un excelente debate sobre el filme. Pero no son los únicos. A.O. Scott, del New York Times, escribió:

Una película frustrante: llena de sentimientos pero desprovista de vida; crudamente manipuladora cuando más trata de ser sutil, y profundamente complaciente a pesar de su intención de descolocar y perturbar.

Mientras que David Denby, del New Yorker, la aplaude:

Muy bien articulada y a menudo impresionantemente inteligente, y siempre descaradamente viva. Creo que es el film americano más fuerte desde ‘Mystic River’, aunque no es para corazones sensibles.

Para añadir más leña al fuego, la Asociación de críticos afroamericanos ha incluido el filme de Haggis entre la lista de películas que en el 2005 hicieron aportes en pro de la tolerancia.

Puede que esté equivocado y Crash sea una obra maestra. Pero si es así, desde ya le reservo su puesto en mi estante junto a otras obras maestras de la intolerancia. Al lado de El Triunfo de la Voluntad de Leni Riefenstahl y de El Nacimiento de una Nación de D.W. Griffith. Salvando las distancias, claro está.

A favor de Crash en Blogdecine | ‘Crash’, choque racial | Crash, ¿de dónde vino la inspiración?

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