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Un tal Alfred Hitchcock decía que una película vale lo que vale el villano de la misma. Es una aseveración con la que no puedo estar más de acuerdo. La cantidad de películas que se salvan, o tienen su mejor baza en la figura de un villano inolvidable es harto extensa. Hoy vamos con una de esas listas que tanto me encantan —ejem— en las que reunimos una antología de los mejores villanos de la historia del cine. Evidentemente, y como siempre, no están todos los que son ni son todos los que están. Una pena que tengamos que ceñirnos únicamente a los cinematográficos, porque como siempre la realidad supera a la ficción, y en la vida real tendríamos unos cuantos, empezando por nuestro país, que encabezarían la lista sin problemas y dejarían a los ficticios a la altura del betún.

Pasen y témanles. Evidentemente Spoilers.

Darth Vader

La primera vez que vi a Darth Vader tenía siete años y fue en el estreno, cómo no, de ‘La guerra de las galaxias’ (‘Star Wars’, George Lucas, 1977), esa mítica obra maestra del cine de fantasía y aventuras. El asalto a la nave en la que la princesa Leia llevaba escondidos los planos de la estrella de la muerte con todos sus puntos débiles aún me sigue impactando cuando lo veo hoy día. Esa respiración, ese poder conocido como “la fuerza”, la inmensa voz de James Earl Jones, o Constantino Romero, depende de cómo se mire, se quedan grabados en la memoria de cualquier cinéfilo. El lado oscuro de la fuerza era, y sigue siendo, mucho más atractivo e interesante, que el otro. Hasta que Lucas decidió amariconar al personaje hasta límites insospechados.

Phyllis Dietrichson

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El hombre cuando se enamora se vuelve gilipollas y ‘Perdición’ (‘Double Indemnity’, Billy Wilder, 1944) es la prueba patente de ello. La gran Barbara Stanwyck borda el personaje de femme fatale por excelencia, una mujer a la que la palabra manipuladora le queda corta, convirtiendo al pobre de Fred MacMurray en un títere de tomo y lomo. Uno de esos milagros en los que la pluma de Wilder, ayudado de Raymond Chandler —que realiza un cameo en el film— estuvo totalmente inspirada.

Little Bill

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Ese enorme epitafio del western que es ‘Sin perdón’ (‘Unforgiven’, Clint Eastwood, 1992) es perfecto por muchas y variadas razones, pero una de las más llamativas es sin duda el personaje que interpreta Gene Hackman —que ganó su segundo Oscar por este papel—, Little Bill Daggett, el sheriff/cacique de un pueblo donde aplica su propia ley. En cada nuevo visionado se descubren nuevos matices de tan fascinante personaje, al que uno es capaz de amar y odiar al mismo tiempo. Me quedo con la secuencia en la que con su relato ante el cronista al que da vida Saul Rubinek descompone por completo la figura del pistolero del oeste.

HAL 9000

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El villano más perfecto de toda la historia del cine desde un punto de vista práctico. HAL 9000 está programado para cumplir su misión sin importar las vidas humanas. Stanley Kubrick sabía perfectamente lo que hacía —¿es posible que estemos hablando de la película que cuenta con más admiradores y detractores al mismo tiempo?— y esa forma de filmar en primer plano a HAL, más la imponente voz de Douglas Rain —que repetiría en la secuela años más tarde— obran lo impensable, que esa especie de ojo robótico, con pupila y todo, nos hiele de miedo.

Norman Bates

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Probablemente el psicópata por excelencia. Alfred Hitchcock cogió una mediocre novela y la convirtió en una obra maestra imperecedera, una de las películas más influyentes a lo largo y ancho de la historia del cine, que ya es decir. Ese conserje del motel más temido del celuloide tiene un secreto que a día de hoy no es tal, pero resulta curioso como el poder sugestivo del film llega hasta el hecho de que aún sabiendo la verdad de antemano, cuando ésta se revela impacta en lo más profundo. Bates, o su madre. Su madre, o Bates. El orden de los factores no altera el temible producto.

Verbal Kint/Keyser Sozé

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El mejor truco que inventó el diablo fue convencer al mundo de que no existía, y así desaparecer

Hannibal Lecter

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Aunque el muy superior Michael Mann fue el primero que nos habló de Lecter en el cine, fue gracias al famoso film de Jonathan Demme —ese director que iba de autor y cuando ganó un Oscar vendió su alma al diablo— por lo que Hannibal Lecter ha entrado a formar parte de la antología de villanos cinematográficos. De gustos culinarios muy particulares el desprecio de Lecter por un tanto por ciento muy elevado de la humanidad es fascinante. Una parte de nosotros quisiera ser como él. Anthony Hopkins, que ya era conocido, alcanzó una fama mayor que no se habría imaginado ni en sueños. Rompo una lanza en favor del trabajo de Ridley Scott.

Harry Powell

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De la única película dirigida por el gran Charles Laughton, ‘La noche del cazador’ (‘The Night of the Hunter’, 1955) —y cuyas malas críticas en la época provocaron que Laughton no quisiese dirigir más para nuestra desgracia—, y uno de los personajes más memorables que jamás haya interpretado un actor. En este caso los rasgos de un impecable Robert Mitchum ponen aspecto a un personaje fascinante, el ogro de un maravilloso cuento de hadas con momentos shock para el recuerdo. ¿Quién no se acojona con el espeluznante grito que mete en el río al no poder alcanzar a los niños? Utilizar además la figura de un pastor, que se aprovecha de la ignorancia de la gente, me parece que termina de redondear al personaje.

Darkness

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Y hablando de cuentos de hadas, ‘Legend’ (id, Ridley Scott, 1985), ese incomprendido film de lo mejor realizado por su director que lo tiene entre sus films predilectos de todos los dirigidos por él; en él un inmenso Tim Curry, maquillado a la perfección aterroriza el mundo para llevarlo a la oscuridad de las tinieblas. Con ecos de Cocteau, Scott se lo pasa en grande cada vez que lo mete en escena. Instantes como el de Darkness saliendo del espejo o cargando contra Jack son de los que impresionan.

El diablo sobre ruedas

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De la maravillosa pluma de Richard Matheson nace uno de los personajes más perfectos del género del fantástico/terror por su falta de identidad. La maldad en su pura esencia plasmada en un misterioso y amenazante camión que le hace a Dennis Weaver la vida imposible. Uno de los mejores telefilms de toda la historia, sino el mejor, obra y gracia de un Steven Spielberg en estado de gracia. No ver jamás la cara al conductor es uno de los detalles más inteligentes e inquietantes del relato.

Su turno, damas y caballeros.

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