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Mi amiga T. trabaja como diseñadora de banners publicitarios de píldoras para la disfunción eréctil y su jefe le ha pedido un artículo sobre las mejores y más ardientes escenas de sexo en la historia del cine no pornográfico, “un poco para estimular la imaginación de nuestros clientes más cultos”. Escribir no está entre las responsabilidades del cargo de mi amiga T., pero no le queda más remedio que hacerlo, ya que necesita la pasta para pagar su curso de cocina molecular.

De modo pues que mi amiga T., quien ha leído mi lista de Las Torturas Inolvidables y Las Mujeres Más Sexys, y quién también se leyó la lista de los Tíos Guapos, escrita por la colega Teresa, me ha llamado y me ha pedido una lista con las escenas que resultan de juntar tíos guapos con tías sexys en una misma cama.

El problema es que llevo días pensando y no se me ocurren sino unas cuantas:

  1. La casi violación de Adso de Melk (Christian Slater) por parte de La Muchacha (Valentina Vargas, ¿qué ha sido de tu vida, niña?) en El Nombre de la Rosa. Siempre se me ha antojado el polvo más animal de la historia del cine. Quizás sea consecuencia de que está empotrada en una película llena de monjes realmente feos y cantos gregorianos, lo que siempre potencia el morbo.
  2. La escenita entre Geena Davis y Brad Pitt en Thelma y Louise. Es la perfecta escena de sexo, pues deja satisfechos a todos los géneros presentes en la audiencia y sus posible combinaciones. A mí, en lo particular, no se me olvida el fugaz atisbo de un Monte de Venus particularmente elevado.
  3. El polvo inicial de 37°2 le matin. No sólo es lo largo, sino lo intenso. Y lo real que parece. ¿O lo fue? Si Jean—Hugues Anglade y Béatrice Dalle no lo hicieron, lo merecían.
  4. A pedido de cierto amigo particularmente guarro, debo incluir a estas alturas el numerito que La hija de Puta (Penélope Cruz) y El Chorizo (Javier Bardem) se montan a la sombra del toro de Osborne en Jamón, Jamón. A mi amigo, lo que más le pone, es el toro.

Luego, mi amiga T. me ha dicho que su jefe le ha pedido más diversidad, ya que la disfunción eréctil, si bien es un problema que afecta a un sexo solo, no discrimina géneros. He consultado entonces otr@s amig@s expert@s en la materia, y su opinión ha sido unánime:

Pero a mi amiga T. le faltan cuatro escenas más para completar su lista de diez. Acaso algunos de nuestros amables lectores puedan ayudarla.

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