
Recientemente, en uno de esos debates que tanto me gusta iniciar por la sola intención de hablar de algo más que de pósters, tráilers y blockbusters basados en famosos cómics, alguien comentó algo en torno a la violencia en el cine, un tema que a lo largo de los años, hasta la actualidad (y lo que te rondaré, morena), siempre ha estado en boca de todos, y que es empleado, de cuando en cuando, por los medios de comunicación de forma asquerosamente manipuladora e ignorante. Pero es lo que hay en estos tiempos de bienpensantes y de bienintencionados que, a mi modo de ver, no tienen mucha idea de cómo funciona el ser humano ni de para qué sirve el arte.
Vayamos al grano y cojamos al toro por los cuernos, argumentando una idea que ya dejé más o menos esbozada en aquella locura de texto en torno a ‘300’: no existen gran arte, esto es, un arte importante, que sobreviva al tiempo, sin violencia, sin una investigación sincera y valiente de por qué el hombre es esta criatura ambivalente y terrible, incapaz de madurar sin dolor y sin sufrimiento. De la capacidad del artista para introducir la violencia, o simplemente para entenderla, depende, por ejemplo, encontrarse ante una buena película o una película que no valga la pena. Así de sencillo. Me explico.
Quizá lo mejor sería también dejar claro qué es violencia para el que suscribe esta entrada. Porque si acudimos a la RAE lo que aparece es lo siguiente:
violencia.
(Del lat. violentĭa).
1. f. Cualidad de violento.
2. f. Acción y efecto de violentar o violentarse.
3. f. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
4. f. Acción de violar a una mujer.
Pero esto seguramente les sepa a poco a la mayoría, a mí incluido. Yo creo que lo que entendemos todos por violencia en realidad es una concepción muy reduccionista de ella. Porque supongo que estaremos de acuerdo en que la violencia es algo más que ríos de sangre y de casquería fina. Eso, más bien, es grafismo gore. Morbo (que a veces comparto, todo sea dicho…) por presenciar la destrucción del cuerpo humano, su fragilidad material. Pero violentarme, lo cierto es que no me violenta nada, la mayoría de las veces. Puede impresionarme por su salvajismo o asquearme, o provocarme rechazo, pero para que me violenten algo más tiene que suceder en la pantalla.
Estoy por afirmar que la violencia es imprescindible para crear una buena película. Ahora bien, cualquiera le dice algo como esto a un profesor de comunicación audiovisual, o a un periodista de espectáculos, y se te queda mirando como si acabaras de llegar de marte. Pero es que el arte ha de provocar una intensa conmoción emocional, ese milagro que tan raras veces ocurre y que tanto tiene que ver con violentarse, con despertarse de un estado de modorra intelectual en el que se acepta lo que hay. Por eso quizá el arte ha de ser incómodo, desagradable por naturaleza, aunque sólo sea a un nivel muy sutil.
A mi modo de ver, el arte comienza y termina con el hombre corriente, o con el ser humano en toda su complejidad y en su terrible dualidad. Si esto es así (y creo fervientemente que es así), es imposible crear arte sin dar testimonio de la oscura violencia que le define. Porque en sí misma la violencia no es buena ni mala, es y nada más. El sexo, incluso el más cariñoso, es violento. El nacimiento de un bebé es violento. La violencia no es oscura o malvada. Es el hombre el que puede ser oscuro y malvado. Ni más ni menos. Está en nuestra naturaleza desatar la violencia de nuestro interior, pero también darle una forma creativa o destructiva. Quizás esa sea la línea que separa a los dos grandes grupos de personas: los que crean (¿artistas, o personas creativas?) con la violencia, y los que destruyen con ella.
Haciendo memoria conozco pocas secuencias más violentas en toda la historia del cine que aquella en la que George Bailey (inolvidable James Stewart) golpea a su amigo Bert (fordiano, como siempre, Ward Bond) después de que su mujer huya de él porque ni siquiera le reconoce, en la que quizá sea una de las más hermosas películas que he visto jamás, ‘It’s a Wonderful Life’. He de reconocer que cada vez que veo este momento doy un respingo involuntario en mi asiento. Me siento literalmente como si fuera yo el que golpease a ese personaje, y no sólo eso, siento la culpa de haberlo hecho y la ceguera de la locura que embarga a George Bailey. El drama de esa película (no olvidemos que dram en griego significa acción) está tan bien formalizado, es tan intenso, que la violencia te purifica.
Me parece el mejor ejemplo para argumentar que la violencia en el arte ejerce, cuando es un arte elevado e importante, de catarsis emocional, de liberación. Por eso quizá es tan importante que el artista sea tan honesto, tan sincero. De lo contrario la catarsis puede convertirse en justificación de la violencia, en espectáculo de ella, tal como sucede en la deleznable ‘La naranja mecánica’, que con la excusa de hablar sobre la violencia termina haciendo un show insufrible y divertido con ella. Si a lo largo de la historia el cine se ha enfrentado con ese problema, y ha tenido en figuras importantísimas del cinematógrafo como Akira Kurosawa u otros artistas, a personas capaces de hablar de ello y de mostrarlo de forma cruenta pero lúcida, es porque el cine está en disposición de no entregarse al morbo por el morbo, como algunos creen, y a tratar temas resbaladizos con dignidad.
Pero volveremos al tema una y otra vez, y los medios de comunicación encontrarán a sus cabezas de turco, como el ínclito Quentin Tarantino, quien una vez dijo, a tenor de una protesta de algún periodista sobre la violencia de sus películas, que haría la película más violenta de todos los tiempos algún día. ¿Cuánto nos apostamos a que sale alguien con el tema antes y durante el estreno en cines de ‘Inglourious Basterds’? Pero ya pasó con el estreno de ‘Bonnie & Clyde’, con la que Arthur Penn escandalizó a su época en cuanto al tratamiento de la violencia en el cine. No sólo había muchos tiros en aquella secuencia, sino un salvajismo psicológico lleno de desesperación. Y es que la violencia física depende de la psicológica, más aún en un mundo globalizado donde encendemos la televisión y vemos incontables muertes en genocidios de medio mundo, para después servirnos una cerveza.
“No hay nada moral o inmoral en el arte, un artista puede expresarlo todo”, decía Oscar Wilde. Sin duda para el Kubrick de ‘La naranja mecánica’ o para el Gibson de ‘La pasión de Cristo’, esto significa que pueden inundarnos de violencia sin sentido y encima vanagloriarse de lo valientes que son. Pero en mi opinión, aquel gran artista quería decir que el arte no es un medio ideológico (algo de lo podríamos hablar en otra entrada), ni de mensaje anti o pro violencia. La belleza anda por otro lado, y a lo mejor para llegar a ella no hay más remedio que mostrar lo terrible, porque en lo terrible anda encerrado lo bello, y lo bello en lo terrible.
Pero pensemos, ya para terminar, en el cuento de caperucita. Repasémoslo, pero sin el lobo. Caperucita iba a ver a su abuelita, y para eso escogió el camino del bosque, siguió andando y…siguió andando, y después siguió andando y…bueno pues al final llegó a casa de su abuelita, y juntas se comieron las galletas que le había hecho su madre. ¿A quién le importa ese cuento sino aparece el lobo, es decir, la violencia, la tensión? De hecho, queremos que aparezca el lobo. ¿Cómo íbamos sino a aprender que hay que tener cuidado cuando vas solo por un bosque sombrío?

Bueno, pues no estoy de acuerdo en casi nada de lo que has dicho. Qué le vamos a hacer. Todas las películas grabadas a fuego en mi alma lo están por el hecho de hablar del amor, que le da cien vueltas a la violencia. Desde "The crowd" y "Amanecer" hasta "Los puentes de Madison " o "Brockeback Mountain". Yo adoro "Grupo salvaje", pero la adoro más por la escena de "La golondrina" que por los tiroteos inicial o final. Yo prefiero conmoverme a violentarme.
Mr Lombreeze, me temo que no has entendido demasiado del texto de Gaby.
Tanto en 'Y el mundo marcha', como en 'Amanecer', los conflictos que se presentan y hacen avanzar las dos películas, son enormemente violentos. En la de Ang Lee también. La de Eastwood se centra en el conflicto de no poder dar rienda suelta a los sentimientos, lo cual es violento.
Y 'Grupo salvaje' jamás sería tan bella sin la violencia.
Saludos.
Alberto Abuín, desde luego en "Amanecer" más violento no puede ser el conficto...
Pero lo que dice Gabriel Ferreiro es que "la violencia es la clave del cine" (sic), y yo creo que la clave en el cine y en casi todas las historias es el amor (hasta en "Bonny and Clyde"). Y en algunas de ellas, como bien dices, la violencia puede hacerlas más apasionantes, más interesantes y más bellas, como pasa desde luego en "Grupo Salvaje".
Ahora bien en "Breve encuentro" o "Dejad paso al mañana" ya no veo tanta violencia, y cine sí que son porque lo de "Los puentes de Madison" lo veo un poco cogido con alfileres.
En la maravillosa "Tiempo de amar, tiempo de morir" qué es la clave?, la violencia o el amor?.
Las dos cosas Mr. Lmobreeze (y le he prometido hablar sobre esa maravilla de Sirk, que no me olvido). De todos modos yo no me refiero a violencia física explícita (que la hay en algunos de los títulos citados) si no a violencia emocional. Y no me diga usted que 'Dejad paso al mañana' no la hay, porque me parece uno de los films más terriblemente violentos que existen (ese final).
'Breve encuentro' y 'Los puentes de Madison' beben del mismo conflicto. Es evidente que no necesitan ponerse a pegar tiros o dar puñetazos, pero la imposibilidad de estar juntos genera un sentimiento violento. Y se lo digo yo, que una vez fui "el otro" y me daban ganas de andar a hostias con todos ;)
Mr. Lombreeze, me parece que hablamos del mismo tema, pues nada genera más violencia que el amor.
#21 Zalomero: Es verdad lo que dices, no había pensado en eso... Igualmente si no existiera la censura, aquellas películas, hubieran mostrado extremidades desmembradas u operaciones de cráneo sin reparos??
Mientras escribo esto me doy cuenta que sí, Frankenstein de James Whale en 1931 me da la respuesta a esto por ejemplo... :-)
Gracias y Saludos!
Ergo la clave es el amor. All you need is love. Y la violencia puede ser una de sus manifestaciones. De todas formas estais ampliando el concepto de violencia hasta unos límites que le hacen parecer un agujero negro, que se traga todo.Seguro que también veis violencia en "El invisible Harvey". Yo creo que se podría contar una historia muy bonita de Caperucita sin el lobo violento. Y que conste que mis historias favoritas son las de amor + violencia ("Doctor Zhivago", "Malas tierras", etc, etc)
Espero con impaciencia la reseña sobre el peliculón de Sirk del que he subido al youtube unos fragmentos muy bonitos por el bien de la Humanidad.
'El invisble Harvey'. ¿Qué hay más violento que un loco de remate imprevisible? Y el conejo da mal yuyu, eh
Jajaja, desde luego, ahora sí que me habéis convencido...
Jenny Sparks: Eres lo máximo.
He esperado hasta tener un momento libre para poder leerme la entrada con calma y me encuentro con que llego tarde al debate.
Me ha llevado un buen rato leerme todos los comentarios y procesar toda la cantidad de información adicional que se ha ido mostrando y ahora mismo tengo tanta información en la cabeza que no sé cómo saldrá esto.
Primero ¿os poneis de acuerdo con mi facultad? porque primero un tema sobre la piratería y todo lo de la ministra Sinde y ahora este post sobre la violencia y en mi facultad debatiendo la ley del cine y haciendo un trabajo sobre Peckinpah. ¿Me pondreís también el examen? jajajaja.
Me ha gustado el post aunque coincido con lo que ya habeis dicho por ahí de que quizá habría que ampliar el concepto y hablar de conflicto porque eso es lo que mueve el mundo. Una historia no puede existir si no hay un conflicto, algo que resolver. Muchas veces ese conflicto deriva o se plasma por la violencia pero no creo que sea la violencia en sí misma la que nos mueve. Por ejemplo en It's a Wonderful Life George Bailey no es lo que se llamaría un hombre violento y lo que le hace pedir su deseo es algo tan simple como que está arruinado porque ha perdido el dinero de sus vecinos y no encuentra una salida a su problema.
Si hablamos de escenas violentas tal y como se presentan en este post yo me quedo con la de La ventana indiscreta (The rear window) en la que Grace Kelly se mete en la casa del "asesino" para buscar el anillo y éste la pilla. La cara de James Stewart contemplando la escena y escuchando los gritos de Grace Kelly sin poder hacer nada aún me pone los pelos de punta.
En lo que sí que no estoy de acuerdo es en lo relacionado con La naranja mecánica. No creo que su violencia sea una excusa, un espectáculo (y tampoco considerado que la película sea deleznable pero no es este el tema para hablarlo :) ). Kubrick era un tío que sabía perfectamente lo que hacía;