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Con el anuncio de una nueva película de Star Wars, un montón de hombres solteros han encontrado una razón de ser con la que llenar los foros de Internet de ilusión, coraje, combate y compromiso: quién puede encargarse de la saga de sus sueños y con qué fines son razones suficientes para sacarles del anonimato y llevarles a adquirir nicks ridículos.

El anuncio de la compra de Disney de Lucasfilm vino con el anuncio bomba de una nueva trilogía en la que las especulaciones se han disparado. De hecho, Vulture informaba que muy posiblemente el guionista Michael Arndt haya propuesto ya la nueva trilogía bajo el tratamiento de cuarenta-cincuenta páginas que ahora mismo examina Disney y sus nuevos jefes de estudio. La elección de Arndt responde, al parecer, a una cuestión clave relativa a que el guionista conoce muy bien la saga y ha dado conferencias sobre por qué el guión original resulta perfecto.

El guionista Arndt tiene entre sus créditos ‘Pequeña miss Sunshine’ (Little Miss Sunshine, 2006) y la exitosa ‘Toy Story 3’ (id, 2010) con lo que se trata de un trabajador perfectamente contemporáneo de Hollywood: guionista ganador del premio de la Academia con una producción independiente con sencilla vocación comercial, luego adaptado a los esquemas (creativos) del estudio Pixar en otra entrega de su exitosa saga en la que conjugaba con maestría dosis de humor y drama.

¿Qué tiene de novedoso este proceso de seguimiento? Que la compra se hizo con fecha anunciada de estreno: 2015, esto es, en tres años, se reinicia la saga galáctica con la espera de jugosos beneficios y una operación que, por una parte, dicen los analistas encaja bastante en el perfil reciente de Disney (un espectador varonil, con tendencia a comprar merchandising) pero que quizás puede llenar precisamente por eso a la casa del ratón de demasiadas franquicias orientadas al mismo tipo de adolescentes.

Tengo que confesar que no me interesa tanto la pregunta sobre quien debería escribir y dirigir La guerra de las galaxias tanto como la posibilidad de que nazca un blockbuster de franquicia nueva (no basada en materiales previos, inclusive) en un Hollywood en el que nunca las ideas nuevas habían dado tanto miedo.

El mejor legado de George Lucas y de su mejor película de la franquicia, la maravillosa ‘El imperio contrataaca’ (The Empire Strikes Back, 1980) era que se trataba de materiales enteramente nuevos, por supuesto, no originales, ya que cargaban con una notable carga de alusiones y referencias, por otra la característica de gran parte de nuestra sociedad.


Está claro que Disney tiene unos medios de producción ideales para revivir Star Wars y que la imaginería de Lucas, progresivamente más amplia, es ahora fácilmente vasta y difícil de reducir dado que desde los videojuegos y la precuela se ha expandido el número de cosas que se pueden hacer y mostrar en la saga de una manera bestial, a diferencia de los más populares libros del “Universo Expandido”, piezas de acompañamiento para fans, antes que genuinas expresiones del ADN audiovisual que siempre ha caracterizado a las aga.

Es obvio que hay talento muy diverso para el proyecto, desde JJ Abrams o Brad Bird como elecciones más predecibles, hasta nuevos y prometedores cineastas como Joseph Kosinski o incluso emergentes promesas como Duncan Jones. Y es muy posible que las elecciones sean las elecciones adecuadas. Pero debo decir una cosa: toda mi generación, y las anteriores, pierde demasiado tiempo en una nostalgia que no es la suya.

Nací en 1988 y reclamo una mitología propia y colectiva y un espacio para nuevas historias. Me parece correcto que se continúe con ciertas sagas, pero la labor de revivir una franquicia no debería ser sintomática de un sistema que está absolutamente atemorizado de probar con esas nuevas ideas que son las que, al fin y al cabo, terminan marcando las historias populares de aventuras.

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