Paul Newman, sus diez mejores interpretaciones

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En el 2008 hemos perdido a figuras muy importantes del séptimo arte, y sin duda una de las más dolorosas, aunque esperada, ha sido la del gran Paul Newman, uno de esos actores al que todos los adjetivos posibles para describirle se quedan cortos. Creo que no hay persona en el mundo, sea cinéfila o no, que no haya visto al menos un buen puñado de sus películas. Concretamente en mi caso, Newman formó parte de mi formación y educación como cinéfilo. Aún recuerdo con cariño aquel impresionante ciclo que Televisión Española le dedicó hace por lo menos dos siglos, cuando las televisiones programaban cultura.

Enfrentarme a un post en el que recopilar sus diez mejores interpretaciones ha sido más difícil de lo que pensaba. Los títulos aparecían con tanta rapidez que terminaron siendo más de veinte, sin embargo, creo que la siguiente lista resume muy bien el genio interpretativo de un actor único. Uno de esos actores que además llevaron una vida totalmente ejemplar, totalmente alejada de la prensa amarillista, un modelo de humanidad. Así que a la lista que veréis a continuación, habría que añadir la película de su propia vida, en la que no tuvo que interpretar, y sin embargo fue admirado y envidiado, una envidia sana, por todos.

Por eso, porque siempre nos resultó muy cercano, y por la cantidad de buenos momentos que nos hizo pasar, aún sabiendo que su muerte se produciría, nos cogió igualmente a todos por sorpresa, porque en nuestro fuero más interno no queríamos que pasase lo inevitable. Los que crecimos viendo sus películas, y muchos de cualquier otra generación, le echamos de menos como si fuese de nuestra propia familia.

Pasad y disfrutad.

La película que le lanzó a la fama, después de debutar en la lamentable y más larga que un día sin pan ‘El cáliz de plata’. Newman se pone a las órdenes de un inspirado Robert Wise para narrar la historia del boxeador Rocky Graziano, convirtiéndose el film en uno de los más populares que hablan sobre el mencionado deporte. Ganadora de dos Oscars, a mejor fotografía en blanco y negro y a mejor dirección artística, el film y Newman se acercan como poca veces al espectador. Anécdotas: se trata de la primera aparición cinematográfica de Steve McQueen, y el papel de Graziano era para James Dean, pero un famoso accidente de tráfico lo impidió.

Esta película que adapta el relato de William Faulkner, supuso el nacimiento de dos relaciones. Newman conoció aquí a su esposa Joanne Woodward, con la que estuvo casado más de 50 años, y con la que compartió cartel un buen número de veces. Y Martin Ritt se encontraría aquí con el que sería su actor fetiche. La relación entre un terrateniente y un mozo de cuadras al que ve como su propio hijo es de las que no se olvidan. El mismísimo Orson Welles le dio la réplica en esta inolvidable película.

Atención, otro personaje que debía interpretar James Dean (como sigamos así vamos a tener que decir que la muerte de Dean favoreció la carrera de Newman). Un film en el que Arthur Penn varió considerablemente la historia real, e hizo un western psicológico en el que se justifica toda la violencia de Billy el Niño por la falta de cariño de un padre. Newman es una bomba de relojería a punto de explotar en esta película, y fue su primer acercamiento al género del western.

La primera adaptación cinematográfica de una obra de Tennesse Williams que se realizó en color. Richard Brooks consiguió trascender lo límites teatrales de la obra consiguiendo hacer puro cine. Paul Newman y Elizabeth Taylor dan vida a un matrimonio con ciertos problemas de alcoba, ya que él piensa más en otra persona (las connotaciones homosexuales están bien presentes en el relato), y ambos desprenden una tensión sexual de una elevada temperatura. Newman deslumbra y la mediocre Taylor nunca estuvo tan bien.

Eddie Fast Felson es probablemente el personaje más famoso al que dio vida Newman. Sin duda la mejor película de Robert Rossen, en la que pasa del realismo a la ternura con una envidiable facilidad, además de realizar un profundo análisis sobre el sempiterno asunto del éxito, tan del gusto de los americanos. El billar y su mundo sirven para narrar la historia de un auténtico perdedor que intenta abrirse un hueco en la vida. Una de esas películas en las que todo está en su sitio. Martin Scorsese realizó una ejemplar secuela, ‘El color del dinero’, en la que Newman tuvo la oportunidad de redondear a su más conocido personaje, obteniendo como premio un Oscar.

Muchos no consideran este colaboración entre Martin Ritt y Newman como una de las mejores, y sin embargo yo pienso que es la mejor de todas. Un western contemporáneo que habla sobre la degradación a un nivel moral, a través de Hud, un ranchero en continuo desacuerdo con su padre, un inmenso Melvyn Douglas, que recibió el Oscar por ello, al igual que Patricia Neal.

Otro título mítico dentro de la filmografía de Newman, a pesar de algunas irregularidades. El film consiguió tanto éxito que se convirtió en un fenómeno social, y es que el personaje central conectaba con el público de una forma muy visceral y auténtica. Un rebelde encarcelado por desorden público, que termina convirtiéndose en el rey de la penitenciaría, sobre todo por ganarse el respeto de todo el mundo al comerse 50 huevos cocidos en un hora. Inolvidable secuencia.

La primera reunión entre Newman y Robert Redford en un film que atravesaría fronteras y alcanzaría la condición de mítico en el mundo entero. La historia de dos bandidos perseguidos por la justicia en un western con cierto tono decadente, aunque desenfadado. Escenas como la del salto al río o la del vídeo hablan por sí solas. George Roy Hill dirigió a Newman dos veces más.

Repetición del éxito del anterior film, llegando esta vez a seducir a la Academia, logrando nada menos que 7 Oscars. Newman y Redford dan vida de nuevo a dos hombres al otro lado de la ley, en una película que habla sobre los gangsters y el siempre cinematográficamente atractivo golpe perfecto. Con un guión milimétrico, la primera vez que se ve esta película es una de las mejores experiencias que un cinéfilo puede tener. Inolvidable banda sonora.

Película que iba a dirigir e interpretar Robert Redford, pero cuyo personaje central terminó recayendo en Newman, en la que probablemente sea la película que inicia la etapa de madurez del actor, escogiendo a partir de ahí otro tipo de papales más acordes con su edad. Uno de los mejores trabajos de Sidney Lumet, con su eterno toque reivindicativo. Newman borda el papel de abogado retirado y borrachín, que acepta un caso de negligencia médica, y que pondrá en jaque a un hospital y la Iglesia que lo comanda. Amarga, muy amarga, con un impresionante James Mason dando la replica a Newman.

Por supuesto, hay más interpretaciones de Paul Newman absolutamente inolvidables, pero para nombrar el resto ya estáis vosotros.

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