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En un excelente y reciente post, mi compañero Alberto Abuín dejaba escrito: “Todo aquello cuanto hayamos vivido, nuestra educación, nuestra cultura, absolutamente todo lo que nos viste como personas, influye en nuestras opiniones”.

Estoy completamente de acuerdo con la afirmación, y es por eso que, pasado un año, he decidido revisitar ‘The Artist’ (id, 2011) cinta cuya perezosa sintaxis muda y su no menos patética apropiación de la banda sonora de Bernard Herrmann para ‘Vértigo’ (Vertigo, 1958) me pareció irritante en su momento.

Viéndola de nuevo el otro día, admito que aprecié más la solvencia y limpieza técnica de su premiado director y el maravilloso perro Uggie me hizo sentir mucha más simpatía por las imitaciones de Jean Dujardin (concretamente de Douglas Fairbanks y Gene Kelly) al tiempo que los pedazitos de películas mejores de Welles, Wellman y Kelly que la película hacía suyos. Incluso tiene puntuales toques inspirados en su dirección.

Revisando la película, pude tolerar su valor como olvidable y simpático entretenimiento, protagonizado por dos arquetipos bien interpretados por sus hábiles actores. Pero, quizás, el elemento que la gente confunde como “homenaje” al cine es el que me pareció, en esta revisión, el más problemático.

Todos hablan de la película de Michel Hazanavicius como un homenaje al cine, a la magia del cine, pero, de hecho, si algo tiene la película, que fue premiada por los premios esenciales de Hollywood, es un relato que glorifica y glamouriza, aunque trate fracasos, el esplendor del cine….de Hollywood. Ni su lenguaje, ni sus artistas son glorificados; solamente la fama y la popularidad, es decir, las grandes estrellas y las grandes recaudaciones aparecen encumbradas.

Al terminar de revisar la película, pensaba en que la película es la victoria moral del ambicioso productor encarnado por John Goodman. Por un lado, él, en la película, quiere un futuro en el que las estrellas vendan lo máximo posible y, por otro, el espectador de la película la tiene como gran clásico del cine que homenajea a otros clásicos. Pero no, en realidad es solamente Hollywood y su capacidad para magnificar eventos y dar importancia a sus actores lo que aparece retratado en la película.

¡Y la película, franco-canadiense, fue encumbrada en Sundance! Desde luego, nada me parece más irónico y, al mismo tiempo, más eficaz. Si alguna película es el epítome de la maquinaria de premios que suponen los Oscar, ésta lo es. Otra película que he revisitado, más reciente, es la apreciable ‘Argo’ (id, 2012) que, además, parece una de las grandes competidoras finalmente apagadas por el fuego habitual de nominaciones de este año.

Es muy curioso porque la película comete varias audacias, la principal ya la hube comentado. Pero lo que más me gustó del film de Affleck fue que empezara dando contexto histórico a los espectadores, todos occidentales previsiblemente, sobre la historia reciente de Irán y que, en su síntesis, no fuera disparatado.

De hecho, la labor responsable de Affleck, quien va a jugar con la tensión en la que la imagen de la otredad es notoriamente islámica, es evitar, a toda costa, la islamofobia o la xenofobia. Y la película lo consigue, dado que lo que aquí se glorifica es el rescate de unos ciudadanos, no las intervenciones sobre territorios ajenos. Conforme pasa el tiempo, creo que la película de Affleck, bastante superior al folleto de propaganda de Kathryn Bigelow, es la que en realidad debería ser premiada pero precisamente porque se postulaba menos premiable de lo que parece.

¡Y en ella también aparece un productor de Hollywod que literalmente salva vidas! Lo que sucede es que la ironía de los hechos se impone y el productor es, antes que nada, un ave fénix dispuesto a prestar sus servicios y a crear el éxito de las últimas tendencias. Cuando el personaje de Ben Affleck y el del productor, encarnado por Alan Arkin, se sientan a hablar sobre sus vidas, tuve la feliz sensación de estar ante una escena autobiográfica. ¿Está Affleck dialogando con Hollywood y con sus normas de producción?

Sea como sea, su primera tentativa fuera de los marcos genéricos del cine negro, ha sido un éxito notable.

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